EDUCACIÓN Y NUEVAS TECNOLOGÍAS
- Sueños y pesadillas -
Pedro Demo (2009)
Al mismo tiempo que las nuevas tecnologías avanzan frenéticamente sobre educación, muchos educadores se retraen y mismo resisten, bajo el espectro de una pesadilla. Hassan (2008), discutiendo la “sociedad de la información” de una perspectiva crítica, propone en su cuadro teórico de referencia esta disyuntiva entre sueño y pesadilla. Visiblemente, el campo está marcado por grandes entusiastas y grandes resistentes (Tapscott, 2009. Setzer, 2002; 2008; 2009. Stoll, 1999), complicándose las cosas aun más porque la nueva generación adora las nuevas tecnologías: como sugiere Prensky (2001), los niños son “nativos”, mientras los adultos son “inmigrantes”. Esta distinción, sin embargo, es contradicha por otros (Owen, 2004), que no admiten ser la nueva generación una “nueva especie”, como insinúan Veen & Vrakking (2006) con su obra sobre el “homo zappiens”.
No alcanzo resolver esta polémica. Busco en este
texto apenas analizar estilos de argumentación a favor y contra, para señalar
que los extremos no son adecuados, cuando el análisis se torna apología a favor
o contra. Propongo la “mirada del
educador”, naturalmente crítico y comprensivo. Se torna cada vez más
difícil sustentar que los padres sepan lo que es mejor para los hijos, porque
estos, creciendo en ambiente tecnológico vibrante, poseen habilidades e
expertises que los padres no tienen o no consiguen acompañar en el mismo paso.
Tapscott (2009) relata una experiencia de jóvenes designados, después de
preparación debida, a formar sus profesores en nuevas tecnologías, invirtiendo,
de cierto modo, los papeles. De hecho, los autoritarios siempre saben lo que es
mejor para los otros, inclusive para los hijos, retirándoles la oportunidad de
se tornaren capaces de decidir con argumentos, no bajo autoridad. Entretanto, también es precipitado
descartar la experiencia de los más viejos, ya que los niños curren riesgos más
que reales en
I. MANEJANDO AMBIGÜEDADES
Para iniciar esta discusión, es oportuno circunstanciar el desafío de manejar ambigüedades, una cuestión de complejidad entontecente. Hace parte del concepto de complejidad no lineal su ambigüedad (Demo, 2002), aplicada, después de Prigogine, también a la “dialéctica de la naturaleza” (Prigogine, 1996. Prigogine/Stengers, 1997). Siquiera voy perder tiempo en alegar cuanto esto es polémico, ya que es imposible tratar dinámicas complejas sin polémicas (Massumi, 2002. Demo, 2008). Del punto de vista epistemológico de cuño más post-moderno, ambigüedad coloca algunos desafíos y perplejidades, entre ellos:
a) toda argumentación es ambigua, porque la comunicación humana así es; por más que por atrás del lenguaje exista una gramática que instila el “orden del discurso” (Foucault, 2000), la mente formula conceptos que nunca comienzan del cero, ni llegan a algún fin definitivo; esta regresión al infinito es propia de toda interpretación, pues cada interpretación ya es reinterpretación y que será, por su vez, interpretada de nuevo; definir conceptos con precisión es pretensión académica, al mismo tiempo, necesaria e imposible, así como es impracticable forjar una teoría final, por más que esta quimera subsista en ambientes “modernistas” (Gribbin, 1998. Horgan, 1997. Brown, 2004);
b) siendo la mente humana “auto-referente”, no entiende la realidad a partir de la realidad, pero a partir de la propia mente, en gesto típicamente reconstructivo, o “autopoiético”, como dice Maturana (2001); trabajamos, pues, con una realidad “construida”, no “dada” o “evidente”, lo que también nos coloca riesgos, como es de inventar/invertir realidades; toda teoría, todavía, así procede: reconstruye los trazos considerados centrales de la realidad a partir de su punto de vista, dejando, obviamente, afuera otros que otros puntos de vista podrían resaltar; por esto mismo, todas las teorías pueden ser importantes, pero son incompletas, pues la mente, en su auto-referencia, produce ordenamientos del punto de vista del observador participativo; en esta ruta, Santos (2004) construyó la percepción de que toda cultura, para convivir con otras culturas, necesita admitirse incompleta: solo seres incompletos consiguen aprender de otros seres; “culture is remix” (Latterell, 2006); “everything is miscellaneous” (Weinberger, 2007);
c) la ambigüedad de la argumentación resulta también de la condición natural del analista: siendo parte de la realidad natural, el analista no consigue posicionarse arriba o afuera de la realidad, orientándose naturalmente por una mirada de la parte, parcial; todas las teorías son inevitablemente parciales, pues son datadas y localizadas, una marca que cabe a seres naturales; se torna pretensión fuera de lugar pleitear neutralidad o objetividad de la argumentación, por más que sea el caso esperar del analista que busque la realidad, no su deturpación (criterio de la “objetivación”, en metodología científica) (Demo, 2000); se trata de “buena intención”, imprescindible para conservar la argumentación como un juego abierto y honesto (Haack, 2003), tal cual se alega en la discusión feminista de la “standpoint epistemology” (Harding, 1998; 2004): el hombre debería procurar entender la mujer a partir de la mujer, por más que la auto-referencia lo impida o estorbe;
d) hay siempre una disonancia entre teoría y realidad: mientras la teoría busca ser precisa (un discurso ordenado formalmente), la realidad es, en parte lineal, en parte no lineal, con predominancia - así parece - de esta; la explicación científica busca alinear la no linealidad a encuadramientos formales, aparentemente precisos (exactos); no se puede negar el éxito de este intento, expreso en gran estilo en el positivismo y visible en las tecnologías, inclusive de la computación (digitalización exacta); mientras el piloto de avión dirige una máquina lineal (e en esto encuentra seguridad del vuelo), el profesor maneja un niño no lineal, en gran parte imprevisible y deseablemente creativo; en general se reconoce que la linealidad del avión es bastante relativa, no solo porque algunos caen a pesar de la tecnología (sin hablar en los que caen por falla humana), pero igualmente porque, siendo los componentes de la realidad innúmeros, no es viable dar cuenta de todos; la teoría idealiza la realidad, reduciéndola a trazos centrales, lo que facilita el método de captación, pero puede obscurecer la trama real;
e) tomando en cuenta la teoría “triuna” de la evolución cerebral (Lewis et alii, 2000. Edelman/Tononi, 2000), somos naturalmente un “pozo de contradicciones”, confrontando a la lógica; conforme a esta visión, el cerebro humano es resultado larguísimo y no lineal del proceso evolucionario en tres lances más característicos: el reptiliano (propio de los reptiles y más sensible a las condiciones inmediatas de supervivencia, como reacciones rápidas a situaciones de riesgo), el límbico (propio de los mamíferos y más devotado al cuidado de la prole e a reacciones emocionales), e el neocortical (más reciente y racional/lógico); la noción tan común del cerebro como máquina maravillosa - si observamos por la lente del saber pensar - cambia drásticamente, porque es también un engranaje hecho de partes desconectadas y contradictorias: por ejemplo, la parte neocortical no se entiende bien con la parte límbica (pasión y razón difícilmente combinan); la mente puede usar racionalizaciones para iludirse, o las emociones para destruir o destruirse; por más que la mente pueda esforzarse para ser ordenada, sistemática, cuidadosa, no huye de ser, siempre, también una colcha de retajos.
La ambigüedad, por esto mismo, penetra igualmente recónditos sagrados, como es el de la verdad. Luego se contestan los “universales”, pleiteando que ciencia también sería “multicultural” (Harding, 1998. Lyotard, 1989). No se contestan las propiedades de la “forma”, en si independientes del espacio y tiempo, como serían formas matemáticas. Pero, no por acaso, en matemática también surgió, en la primera mitad del siglo pasado, el “teorema de la incompletud”, de Gödel (Hofstadter, 2001): al elevarse a niveles más sofisticados de elaboración, la matemática coloca dimensiones no decidibles formalmente, porque ya crecientemente contextuadas hermeneuticamente. Surge, entonces, la “lógica difusa” (Kosko, 1999), para la cual “gris es el color de la verdad”, una visión hoy ampliamente utilizada en la “inteligencia computacional” (Konar, 2005) e en la “web semántica” (Mika, 2007. Bruijn et alii, 2008), en general bajo el desafío de “imitar” la inteligencia humana capaz de manejar ambigüedades. Que la verdad sea naturalmente ambigua, es algo que choca a muchos, en especial cuando se toma ciencia como sustituto de la religión (Demo, 2000a). Kosko propone que línea reta no existe en la naturaleza, apenas en matemática, y que, en el fondo, alineamiento reto es cosa de dictador: este, si, estigmatiza los otros o como vasallos, o como traidores, usando el dualismo binario típico de verdades absolutas.
Llévese en cuenta, todavía, que no se trata de vilipendiar la formalización, esencial para el método científico (también en la investigación dicha cualitativa) (Demo, 2001). Se trata apenas de reconocer que la existencia natural no puede reducirse a formalizaciones, porque es propiamente datada y localizada, nunca universal. Pretensiones existenciales universales son siempre dictatoriales, como es el caso clásico de culturas o razas pretendidamente superiores e universales. En la definición de Habermas (1989), verdad es pretensión de validad, en el lado formal, para un discurso merecer acato, carece estar formalmente bien hecho; entretanto, esto no basta para ser validado - para “valer” implica ingredientes también políticos. El teorema de Pitágoras será el mismo en cualquier espacio y tiempo, pero no Pitágoras. La formalización metodológica empuja siempre para la linealización de la realidad, tanto porque entendemos mejor lo que se deja ordenar, cuanto porque cabe en el método - de ahí Morin saca su crítica a la “dictadura del método” (1996; 2002). No se trata de rechazar la formalización, pero de percibir sus virtudes y límites, una preocupación hoy común en matemáticos más contemporáneos (Lesh et alii, 2007).
La “relativización” de las teorías es aun un proceso dolorido en la academia, acostumbrada que estaba a la estabilidad de los discursos formalizados. Más aun asusta la relativización de la ética (Demo, 2005), confundiéndose relativización con relativismo: este instaura el vale-todo irresponsable, mientras aquella, dejando de universalizar expresiones datadas y localizadas, busca circunstanciar en el espacio e en el tiempo. En la naturaleza e en la sociedad, la validad que cabe es la relativa, nunca absoluta, no solo porque no podemos reducirla a formas universales, como también porque validades absolutas son golpe prepotente. Las cosas valen, si, pero valen relativamente, como nosotros mismos “valemos”, con plazo de validad. Ni la naturaleza, ni el ser humano son fenómenos universales, pero contingentes, cuyos comportamientos y productos son, naturalmente, contingentes. Esta percepción ha cambiado el modo de argumentar sensiblemente. Habermas (1989) habla de la fuerza sin fuerza del mejor argumento, o de la habilidad de convencer sin vencer. Mientras el argumento de autoridad es marcado por la imposición externa (Demo, 2005a), la autoridad del argumento apunta para un estilo negociado e abierto de comunicación. Primer, argumentar implica contra-argumentar, pues es parte de la misma dialéctica. Segundo, la coherencia de la crítica está en la autocrítica: no se puede cuestionar e impedir de ser cuestionado. Tercer, tratándose de juego abierto - “no estratégico”, para Habermas (Rivera, 1995) - el interlocutor carece ser visto como parcero, no como concurrente, por más que esto no pueda elidir el contexto de poder (Sfez, 1994).
No siendo autoritaria la autoridad del argumento, carece mantenerse abierta a la contra-argumentación, continuando a aprender de otros puntos de vista. Esta aptitud es alimentada principalmente por la marca epistemológica del “fundamento sin fondo” (Demo, 2008): toda fundamentación bien hecha no llega al fin para imponerse, pero para permanecer abierta, aguardando alternativas. No hay argumento final, no solo porque no existe argumentador final (todos desaparecen), pero igualmente porque es impracticable terminar lo que nunca propiamente comenzó (círculo hermenéutico del discurso lógico). El argumentador es apenas en parte dueño del argumento (en su subjetividad e individualidad), ya que lo que habla es el lenguaje, no el autor. No inventamos el lenguaje para poder hablar; hablamos a través de ella. Cuando Habermas apunta la fuerza sin fuerza del mejor argumento, indica que la fuerza del argumento está, de cierta forma, en su flaqueza: poder ser contradicho con otros argumentos es su marca, no falla. Esta percepción acepta que el discurso científico necesita mantenerse “discutible”, porque solamente lo que es discutible, formalmente y políticamente (Demo, 2000), puede ser acatado como ciencia. Lo que no es discutible ipso facto está afuera de la ciencia, pues es dogma. Lo más importante, todavía, para una visión como la de Habermas, es que solamente podemos elaborar consensos en torno de ideas discutibles. Las indiscutibles solamente separan las personas y culturas. Significa reconocer que todo consenso es frágil, no como falla, pero como virtud, para poder ser revisado, mientras vale relativamente. La ciudadanía que sabe pensar (Demo, 2000b) solicita parceros que también sepan pensar, no vasallos alineados.
Imagino que existen, en las nuevas tecnologías, en
especial en lo que se llama “web
II. SEÑALES DE PESADILLA
Para todo educador atento, las nuevas tecnologías traen
oportunidades y riesgos. Mientras las oportunidades son decantadas, los riesgos
fácilmente son encubiertos. Con respecto a niños,
El niño puede estar siendo expuesto prematuramente al
computador, aun que sea difícil indicar con alguna seguridad cual sería la edad
adecuada para esta exposición. El hecho, todavía, de ya existir canal de TV para
niño bien pequeño (en torno de un año de edad), indica, ciertamente, que la
apelación mayor es consumista, no pedagógica, o mismo entretenimiento. Ciencia y
tecnología ahí se unen al intento neoliberal y producen artefactos que atraen
los niños, sirviendo, en parte por lo menos, como baby sitter. Ya no se consigue disfrazar la pretensión
mercantilista de influenciar mentes infantiles para imponer paradigmas
consumistas predatorios, aprovechándose, además, de la facilidad con que niños
aprecian computador e Internet. Surge aun el riesgo de dependencia, quitando el
niño de la convivencia física con la familia y colegas, en la medida que el
mundo virtual se torna más relevante que el mundo real. Como se sabe, los niños
distinguen cada vez menos entre real y virtual, en parte con alguna razón (el
mundo virtual puede ser extremamente estimulante, como en los buenos juegos electrónicos)
(Wark, 2007. Bogost, 2007. Massumi, 2002), en parte bajo riesgo de solipsismo y
deficiencia física (obesidad, por ejemplo). Cuando se trata de estudiar, los
niños pueden sacar del computador cruciales apoyos, bien como plagios crudos, sin
hablar de la tendencia propia del texto hecho en la tela de ser menor, más raso
y fugaz. Se crea la expectativa de que todo se resuelve en
Así como es propio de la ideología neoliberal no se considerar ideológica, pero “evidente” parte del orden natural de las cosas, también es propio de la sociedad de la información se ver como expresión inmune e universal, en parte por cuenta de su lenguaje extremamente formalizada digital. Se ignora, todavía, que el computador nació en el contexto militar e industrial, y que continúa sirviendo preponderantemente a la economía neoliberal: la pretensión prepotente universalista del mercado liberal se funde con la misma pretensión prepotente universalista de la sociedad de la información, no habiendo otro modo de concebir y vivir la vida en sociedad. El “efecto red”, ya subrayado con vigor por Castells (1997), refuerza la expectativa de abarcar el universo, imponiendo a todo e a todos el mismo orden, vendido como incuestionable. Se diseña la posibilidad de control sobre el trabajo no físico (Gorz, 2005. Rifkin, 2000), en la medida que la digitalización algorítmica prende ideas a códigos precisos. Mismo que el procesamiento digital no sea capaz de interpretación autopoiética (por lo menos hasta este momento), esto no impide el flujo hermenéutico en los lectores e usuarios, en lo que aparece otra simbiosis notable: entre sintaxis y semántica (Hayles, 1999; 2005). La mente humana maneja, como resultante natural del proceso evolucionario, tanto habilidades lineales (padronización de procedimientos, formalización metodológica), cuanto no lineales (interpretación creativa, autorías subjetivas e individuales), como en el lenguaje: por tras de todo lenguaje, en el plano sintáctico, hay una gramática (modos estandarizados de expresión), bien como, en el plano semántico, la creatividad insustituible de cada cultura (modos propios hermenéuticos) (Foucault, 2004).
Ocurre, entonces, que, con las nuevas tecnologías, usos y costumbres tradicionales son puestos en jeque, como es el desafío de la velocidad, considerado por Hassan (2008) como una de las pesadillas más duras de la sociedad de la información. La casi obligación de estar “always on” (siempre conectados) no sería algo propio de la naturaleza humana, pero marca entrañada de la lógica de los computadores (Id.:11), a punto de se establecer la noción ilusoria de la sociedad en flujo y cambio constante. “Ilusión” es término fuerte, que Hassan se apremia a modular con cautela, ya que toda sociedad construye sus ilusiones como parte de la propia realidad. Lamenta, sin embargo, que se pierda el sentido por una vida más estable y regulada, en nombre de verdades que se tornaran todas muy provisorias, como acontece en el mundo virtual: hasta por no ser físico, su constitución es disipativa, fragmentada, plástica. Como en la tela todo se presenta y se diluye, esta pesadilla digital pasa a hacer parte de los jóvenes y sus valores relativizados. “De un lado, la sociedad de la información está repleta de recursos poderosos que mejoran nuestro control sobre la vida online e offline. Auto-confianza personal e éxito en la carrera e en la vida familiar son el resultado del relacionamiento subestimado y positivo con tecnologías de la información. De otro, el efecto red tuve consecuencias mucho más drásticas. Una búsqueda esencialmente solitaria construye un mundo virtual de importancia donde ya no es más claro donde la realidad comienza e acaba. Donde la moralidad comienza e acaba se torna fatalmente borrado también” (Hassan, 2008:19).
Entretanto, esta percepción de Hassan contiene elementos esencialistas de quien imagina poder definir lo que sería naturaleza humana y, consecuentemente, lo que es bueno para la sociedad. En lo que concierne a la velocidad, sin dejar de reconocer su vinculación también mórbida con la innovación impuesta por el mercado, bastaría recordar de otros tiempos, cuando apareció el automóvil e el tren, cuya velocidad fue objeto de alborozos similares. Hoy todo esto se tornó bizarro. En parte, no se percibe que la nueva generación consigue manejar la velocidad mejor que la generación anterior, no siendo esto necesariamente problemático. Al mismo tiempo, se procura en el computador alguna lógica satánica, fatalmente neoliberal y perversa, como si el computador no fuera tecnología natural, es decir, un artefacto hecho con propiedades naturales. Antes de el procesamiento digitalizado ser algo sospechoso, es una propiedad natural de las dinámicas ahí implicadas. Su ambigüedad no es defecto, pero característica. Se deja de lado también que el ser humano, en su plasticidad evolucionaria, tiene condiciones de relativa adaptación, pudiendo aprender a convivir con nuevos horizontes, o en ellos también sucumbir. El hecho del computador haber surgido en un contexto militar e industrial no lo torna apenas artefacto caudatario ideológicamente.
Observando el cuadro 1 rediseñado por Hassan
(2008:27), se torna más claro que la contraposición entre los que abogan la
sociedad de la información y los que la critican refleja típica ambigüedad de la
argumentación en cada caso. Los “abogados” resaltan las maravillas, entre ellas:
i) consumidores más participativos y fuerza de trabajo más calificada,
“empoderada”; ii) empleos tallados en la dinámica del conocimiento; iii)
comunicación de mano doble, descentralizada, y hasta mismo la “democracia electrónica”;
iv) el mundo como aldea global e oportunidades del Tercer Mundo de hacer saltos
tecnológicos; v) acceso sin precedentes a la información e a
Cuadro 1. Perspectivas
de la sociedad de la información
|
Dimensiones |
Abogados |
Críticos |
|
1. Relaciones económicas |
Fuerza de trabajo más calificada, jerarquías
achatadas, consumidores “empoderados”, negocios más rentables |
Dualismo económico, descalificación de las clases
medias, “proletariado de la información” |
|
2. Empleo |
Más tiempo libre, más empleos basados en conocimiento,
eficiencias y flexibilidades mayores |
Mercados y habilidad perdidos para las TICs, reducción
(downsizing) de la capacidad
empresarial por los empleadores, e inseguridad del empleo ampliamente explayada
|
|
3. TICs e democracia |
Comunicación política de mano doble,
descentralizada, emergencia de la “democracia electrónica” |
Dominación neoliberal, apatía política amplia, crecimiento
de la vigilancia corporativa del Estado |
|
4. Dimensión global |
“Aldea global” e el salto tecnológico del Tercer
Mundo, como en China, India |
Dominación por el capitalismo corporativo, exacerbación
de la desigualdad global en el desarrollo del poder económico |
|
5. Información e cultura |
Expansión vasta del acceso a la información, la
centralidad de |
“Información sin significado”, pérdida de la
comunidad “real”, dominación del imperialismo cultural anglo-americano |
|
6. Espacio y tiempo |
Fin de la “tiranía de la distancia”, coordinación
racional del negocio global, economía de tiempo de las TICs |
“Tiranía del momento”, falta de tiempo “lento”
reflexivo, formas culturales superficiales e apremiadas |
(Hassan, 2008:27).
Los críticos pintan las deficiencias, entre ellas: i) relaciones laborales deterioradas y surgimiento de un proletariado cibernético (Huws, 2003); ii) tecnologías que corroen el trabajo humano e inseguridad laboral; iii) dominio neoliberal e apatía política, al lado de la apropiación del Estado por las grandes empresas; iv) globalización fundida con aumento de la desigualdad, visible, entre otras cosas, en la nueva “netocracia” (Bard/Söderqvist, 2002); v) información en exceso y sin significado, absorción virtual excesiva; vi) atropellamiento de los ritmos vitales en si más lentos. Tomadas en si, cada maravilla y deficiencia puede caber, pero parece visible que cada lado intenta colocar el otro como pesadilla, con esto probablemente encubriendo problemática aun más profunda: lo que preocupa, más que todo, no son las propiedades naturales de las nuevas tecnologías, pero su uso e apropiación por el modo dominante actual de organizar la economía y la sociedad. Las oportunidades no son para todos, mientras los maleficios son relegados para las poblaciones marginalizadas (Dijk, 2005). Al fondo, funciona un esquema milenar: en épocas de cambio más profundo, la sociedad tiende a dividirse en dos lados: aquel que imagina ganar con los cambios, sobretodo pretende controlarlos para beneficio propio; e aquel que se siente perdedor, desinstalado, relegado. En el mundo capitalista - tendría a sugerir - paréceme impracticable que la sociedad de la información y sus nuevas tecnologías se tornen garantías de una ciudadanía y democracia más cualitativa, ya que el móvil fundamental de ella es la competitividad individualista (Bakan, 2004). Este reconocimiento, sin embargo, no impide que surjan experiencias muy positivas (por ejemplo, la producción solidaria desinteresada de la wikipedia, como señala Benkler) (2006), al lado de la preservación de trazos muy negativos de una sociedad profundamente desigual e injusta. De hecho, las TICs libertaran mucho más el capital que la sociedad (Hassan, 2008:45).
Se puede/se debe, pues, cuestionar el “infofetichismo” (Hassan, 2008:32) visible en las euforias digitales de todo orden que prometen la reinvención de la especie humana, como, por ejemplo, en la “inteligencia artificial” (Kurzweil, 2005) fuertemente cuestionada entre nosotros por Setzer (2008), o en la reducción del cerebro al computador y del conocimiento a la información, o en propuestas oficiales de políticas megalómanas tal cual la del gobierno Clinton (liderada, en este caso, por su entonces vicepresidente, Al Gore). Hassan cita la proclamación de la net por Dyson: “La net nos ofrece una oportunidad de tomar cuenta de nuestras propias vidas y de redefinir nuestro papel como ciudadanos de comunidades locales y de la sociedad global. Nos da también la responsabilidad de gobernar a nosotros mismos, de pensar por nosotros mismos, de educar nuestros hijos para hacer negocio honestamente y de trabajar con ciudadanos colegas para concebir reglas con las cuales queremos vivir” (2008:83). Se olvida, en esta citación, la ambigüedad de las nuevas tecnologías, apostando todas las fichas en promesas de “democracia y liberación profundas” (Id.:112). Se olvida, sobretodo, la obsesión neoliberal de hacer de todo, inclusive del mundo de las ideas y de la creatividad, del cuerpo y de la intimidad, mercancía, intento que viene enormemente facilitado por la digitalización de la comunicación, en la medida que, codificada algorítmicamente, gana formato de cosa manipulable con precisión matemática.
Se cuestionan con vehemencia los juegos electrónicos,
teniendo en vista que su lógica más nítida es “business” (Hassan, 2008:143). Por cierto, del punto de vista del
mercado, si esta razón no constase, no habría razón ninguna! Vale siempre recordar
que la atracción de los videogames y mismo sus calidades de aprendizaje tan
decantadas por autores renombrados como Prensky (2001a; 2006) y Gee (2003;
2007), no pueden encubrir las estrategias ladinas y mañosas del mercado. En
especial, la libertad de construir un avatar con creatividad intensa, cambiar
reglas de juego, retocar ambientes virtuales, discutir online libremente, es,
como dice Galloway (2004), libertad bajo
medida. Entretanto, este cuestionamiento tan necesario no podría servir de
antipara para una condenación generalizada, sea porque los videogames llegaran
para quedarse y muchos jóvenes adoran, sea porque en medio a tamañas
banalidades puede siempre haber ambientes formidables de aprendizaje orientados
por investigación e elaboración individual y colectiva. Se puede decir algo
similar de
Hassan llega a reconocer la “ambivalencia inherente” de las nuevas tecnologías (2008:157), pero aprovecha esta visión para marcar preferentemente el lado negativo. El lado positivo es casi peregrino, como la valorización eventual que hace de la web 2.0 y de uno de sus productos más notables, la wikipedia. Minimiza, por esto, las tentativas de grupos y programas dirigidos para producción libre y solidaria, como del software libre. “La línea básica es que para todas las buenas intenciones por tras del software libre, ninguna es actualmente orientada para pensar sobre como podríamos usar computadores diferentemente - para cambiar su modo inherentemente instrumental, y para hacerlos más capaces de respuesta a las necesidades sociales, al contrario de apenas económicas” (Id.:155). No es difícil constatar que movimientos como el del software libre parecen una lucha de David contra Goliat, pero, mismo así, no cabe descalificar como mera “buena intención”, si no hubiera otras razones, por lo menos en nombre del cultivo de otras utopías. No puede ser utopía la propuesta de resistencia ya perdida, alimentada por modelos obsoletos de sociedad embalada por estabilidades y valores tradicionales que, de modo no muy diferente, también son producto de tramas poco laudables de poder e exploración. Reaparece la pretensión indebida de saber decir cual sería la sociedad buena para todos, dejándose de percibir que no cabe responder al colonialismo neoliberal con otro pretendidamente más ético. La noción del “individuo saludable y construcción de una sociedad estable y funcionando adecuadamente” (Hassan, 2008:180) sabe a nostalgia modernista atemorizada frente a las novedades tecnológicas. También no puede ser utopía el ansia con que se prometen innovaciones cándidas, que encubren pesadillas de todo orden, como la noción de que “se puede hacer dinero sin practicar el mal” (Id.:190). De repente, se puede, si, hasta mismo en el capitalismo, pero es promesa arriesgadísima. Hassan cita, entonces, el retroceso de Google en China, provocado por la presión del gobierno de filtrar el flujo de información, por razones de seguridad del régimen. Se alegó que sería preferible tener alguna información a no tener ninguna, revelando que los padrones éticos son más que “relativos”.
Citando Sunstein (2006) y su crítica a las producciones virtuales hechas en grupo, inclusive en blogs, Hassan resalta apenas tendencias comunes de las discusiones de se tornaren repetitivas, centradas en ciertos liderazgos que restauran el argumento de autoridad, bien como de usar apenas la información que interesa o de más fácil acceso (The Daily Me) (Hassan, 2008:211). Fácilmente se forman guetos políticos, tornando quimérica, para Hassan, la pretensión del blog poder ser referencia fundamental de la democracia deliberativa. Si es tolo declamar que los “blogueros son los nuevos oráculos de la expresión libre” (Id.:209), no es menos fatuo ignorar que es posible, dependiendo de condiciones favorables y viables, arreglar un ambiente relativamente marcado por la autoridad del argumento. Así, cuando la argumentación pierde el sentido por la propia ambigüedad, vacila entre posiciones poco compatibles: de un lado, Hassan afirma algo que todos aceptarían: no se puede alimentar fe no reflexiva en torno de las tecnologías; de otro, concediendo que no se pueden ofrecer respuestas definitivas, no cabría anatematizar las tecnologías. La citación que Hassan hace de Judt (de New York Review of Books) parece sintomática: “Miedo está re-emergiendo como un ingrediente activo de la vida política en las democracias occidentales. Miedo del terrorismo, naturalmente; pero también, y talvez más insidiosamente, miedo de la velocidad incontrolable del cambio, miedo de la pérdida de empleo, miedo de perder el suelo para otro en una distribución crecientemente desigual de recursos, miedo de perder el control de las circunstancias y rutinas de vida de cada cual. Y, talvez arriba de todo, miedo de que precisamente nosotros no podamos más dar forma a nuestras vidas, y de que aquellos investidos de autoridad perdieran el control también para fuerzas que están más allá del alcance” (Hassan, 2008:217).
Esta citación representa, en una tentativa analítica más abierta, un tipo inocuo de resistencia marcado por el temor de perder el control sobre el cambio. Primer, encubre que cambios profundas no son controlables - cambio bajo control no cambia; segundo, coloca todos estos miedos en la cuenta de las nuevas tecnologías, lo que es ciertamente apremiado, insinuando que habría algo de intrínsecamente malo en ellas; tercer, cayendo en la armadilla del miedo, apela para las autoridades, dando de gracia la autonomía; cuarto, se curva al determinismo tecnológico, haciendo de las nuevas tecnologías, en contradicción, otro fetichismo; quinto, sugiere, en las entrelineas, que las democracias occidentales serían parámetro democrático, de lo que resultaría que terroristas son siempre los otros. Necesariamente, las nuevas tecnologías no son “el” problema, lo que desvela, al fundo, moralismos ideológicos en el mínimo apremiados. Ellas tanto pueden sustentar los miedos, cuanto combatirlos, aunque, en el contexto capitalista, lo que más se espera es que garanticen el formato liberal de las democracias...
Miedo es siempre tema central de procesos profundos de cambio (Evans, 2001. Owens, 2004), bien como su correlato de la búsqueda de control del cambio[1]. En la sociedad, cambio suele tener “dueño”: el mercado neoliberal, para Hassan. Así, mientras Friedman (2005), estudiando uno de los efectos más notables de las nuevas tecnologías - “el mundo es plano” - acaba defendiendo la política antiterror de Bush y dividiendo el mundo entre el lado bueno e el lado malo, Chomsky (2003) interpreta de manera muy diversa: entre los dos lados habría más similitudes que diferencias, por lo menos del punto de vista del etnocentrismo y del fundamentalismo. La visión de Chomsky, siendo también naturalmente ambigua, paréceme más perspicaz, porque procura privilegiar el intento analítico sobre el de defensa. De nuevo, las tecnologías comparecen ambiguamente, para fomentar y combatir el terrorismo...
III. SEÑALES DE SUEÑO
Lo que no falta es entusiasmo en torno de las nuevas tecnologías, a comenzar por la así dicha “generación digital” (Tapscott, 1998; 2009), sin hablar que vinieran para quedarse. Aunque puedan ser problema, son sobretodo hecho consumado. De esto no sigue que hay que engullir, pero ciertamente que es más prudente saber convivir con ellas, de preferencia en la condición de sujeto, no de objeto. Sería precipitado ver en ellas apenas patologías (tesis común entre los dueños de la sanidad pública); sería no menos precipitado ignorar que hay hartas patologías (tesis común entre los entusiasmados). Dentro de la literatura abundantísima, destaco aquí la obra reciente de Tapscott (2009), una retomada de otra anterior (de 1998), sobre la generación digital, con base en investigación específica con pretensiones de rigor académico suficiente. Tapscott no es un académico típico, también porque esto no le interesa más: aprendió con la nueva generación que la academia carece cambiar, en el mínimo necesita tomar en serio las nuevas tecnologías y convivir con procedimientos más sueltos de investigación. No cabe más fijarse en el texto impreso tradicional, ni en ritos formalistas que acaban trayendo de vuelta el argumento de autoridad, mucho menos en la clase instrucionista, detestada por la mayoría de los estudiantes. Ya se ve por ahí que su argumentación es vibrantemente ambigua, predominando frecuentemente el entusiasmo sobre el compromiso analítico. Mismo así, talvez sea una de las obras que hacen la aposta más frontal en la generación digital, sin perder de vista la investigación.
La trata como “generación única” (2009:1), “cercada de
la mídia digital”, “tan bañada en bits que piensa que todo es parte natural del
escenario” (Id:2). Por la primera vez en la historia, esta generación se siente
más confortable, más altamente educada e alfabetizada que los padres. A través
de la mídia digital está desarrollando y sobreponiendo su cultura a la sociedad,
dejando para tras otras generaciones anteriores (los “boomers”, por ejemplo).
“Estos niños están ya aprendiendo, jugando, comunicándose, trabajando y creando
comunidades de modo muy diverso de aquel de sus padres. Son una fuerza para la
transformación social” (Ib). Todavía, al lado de reconocer que existe “the dark side” (lado sombrío), en
especial en lo que concierne a la exposición descuidada de la privacidad,
Tapscott lleva en cuenta los innúmeros críticos, inclusive los que dicen hartos
improperios contra la nueva generación: i) esta generación sería la más estúpida
de todas (tesis excitada de Bauerlein) (2008), porque se pierde frenéticamente en
el mar de informaciones disparatadas, no fija la atención en nada, hace todo al
mismo tiempo y de modo banal, no aprecia estudiar a fondo, vive de amadorismo
(tesis no menos excitada de Keen sobre el “culto del amador”) (2007); ii) serían
figuras caudatarias de la tela (screenagers),
dependientes de este tipo de droga (en especial de videogames), malbaratando
habilidades sociales y físicas en favor de la obesidad física y virtual; iii) no
tiene pudor, exponiendo su privacidad no solo de modo provocativo e infantil, pero
arriesgado, abriendo espacio para predadores de todo orden; iv) porque son
mimados, se encuentran a la deriva en el mundo; por esto muchos vuelven para
casa de los padres después de graduados (algo impensable en generaciones
anteriores) y no se fijan en el empleo; v) roban en
Tapscott se pone, entonces, a deshacer tales críticas, apostando todas las fichas en la generación digital. Habla de buscar la “verdad” (Ib.), trayendo a la baila datos e experiencias contrarios, en parte cayendo ahí en la misma armadilla del “sage-on-the-stage” (metáfora del profesor que sabe la verdad) (Id.:9), perdiendo de vista la ambigüedad de toda argumentación, por más que se presuma fundada en datos y hechos. Pretende mostrar que esta generación está avanzando mucho en términos de cambio en la sociedad e en la economía, sugiriendo aprender de ella, en vez de apenas denegrir. Tenemos de superar el miedo a través del conocimiento, hasta porque es más que natural temer lo que no entendemos. Lo que puede ser estulticia para los adultos, puede ser virtud para tales adolescentes, como es hacer muchas cosas al mismo tiempo (multitasking). El precio natural puede ser la superficialidad de lo que se hace e esto ocurre siempre. Pero, ellos saben también distinguir los momentos: el momento de fijar la atención en algo para profundizar el conocimiento y la investigación, e el momento de surfar a la voluntad. Entran animadamente y, muchas veces, despreocupadamente en el ritmo de cambio: mientras aun valorizamos el email, para ellos “email is old-school” (Ib.). No suportan quedarse escuchando un profesor hablar como dueño de la verdad, impidiendo la interactividad. Frecuentemente se cuestiona la lectura en la tela, en regla más corta, rasa, fugaz, en nombre de la lectura pausada y meditada del libro. Esta no está, de modo ninguno descartada, pero es claro que los jóvenes prefieren la tela, también por comodidad e atracción. Cabe recordar que, cuando la humanidad pasó de la oralidad para la escrita, hubo reacciones fuertes contrarias, inclusive - quien diría! - de Sócrates, alegando el desprestigio de la memoria y la consecuente popularización del conocimiento[2]. La lectura en la tela quiebra paradigmas anteriores, de modo ambiguo (Kress/Leeuwen, 2001; 2005): mientras aparece más banal, también es más accesible e atrayente; en el momento talvez predominen quejas por parte de los lectores tradicionales, pero, con el tiempo, perfeccionándose las tecnologías e ocurriendo adaptaciones creativas de ambos lados, es bien posible que se torne “normal”, como la lectura tradicional impresa, contestada cuando surgió, se tornó normal.
Segundo Tapscott, los jóvenes están rehaciendo todas las
instituciones: i) empleados e empleadores tienden a cultivar prácticas más colectivas
e a abatir jerarquías rígidas; ii) como consumidores, pretenden ser “pro-sumidores”
(prosumers), en el sentido de
co-inventar productos, customizarlos, participar de la mejoría de su calidad,
interaccionar, no apenas consumir; iii) en la educación están desconstruyendo la
sala de clase centrada en la autoridad del profesor; iv) en la familia ya son
vistos como expertos en
No se puede evitar de decir que es “rosea” esta
descripción - demasiado bueno para ser verdad. Pero, acreciéntese que Tapscott no
pierde de todo el sentido por la ambigüedad: “Nunca hubo un tiempo de mayor
promesa o peligro” (2009:37). En el contexto de la web 2.0, esta generación
estaría transformando
Aunque pueda parecer al contrario, esta juventud es más bien comportada, segundo datos disponibles (Tabla 1):
Tabla 1: Comportamientos de
riesgo de la juventud:
|
Comportamientos de riesgo de la
juventud |
Índice corriente (%) |
Índice cambiado desde 1990 (%) |
|
- Usó cinta de seguridad |
90 |
+16 |
|
- Viajó con alguien que estaba bebiendo |
29 |
-11 |
|
- Portó una arma |
19 |
-8 |
|
- Estuve metido en pelea física |
36 |
-7 |
|
- Usó “condón” |
63 |
+17 |
Fuente:
US Center for Disease Control and Prevention (Tapscott, 2009:85).
Tapscott asume la tesis bastante común de que la nueva generación estaría reformateando su cerebro, representando un paso evolucionario (Hayles, 2008). El propio hecho de estar “inmersa” en las nuevas tecnologías (las manejan incesantemente), indicaría esta faceta evolutiva, ya que el cerebro, siendo plástico, evoluciona en la dirección de los desafíos que le son impuestos. El cerebro adolescente es visto, entonces, como “a work in progress” (Tapscott, 2009:100), perfeccionando los estilos de inteligencia y las habilidades requeridas para dar cuenta de la plétora de información, del “multitasking” (considerado “quintessential characteristic”), de la maleabilidad de la innovación frenética, del aprendizaje virtualmente situado, de los videogames, etc. Al contrario de la tesis de que las nuevas tecnologías tenderían a anestesiar los cerebros jóvenes, en la medida que los envuelve con futilidades de todo orden, ocurriría el desarrollo de “habilidades de pensamiento crítico, aquellas de que se necesita para navegar en el mundo de hoy saturado de información e en velocidad creciente” (Id.:111). Segundo Tapscott, leer online no es menos desafiador; apenas las habilidades son diferentes. Muchos de los problemas continúan, como, por ejemplo, prestar atención apenas en lo que se percibe más. Se podría hablar de nueva forma de inteligencia: cognición distribuida (distributed cognition) (Id.:114), marcada por la dispersión de contenidos, trabajo cooperativo, cultivo de redes sociales. Enfocar la atención por tiempo más largo es desafío mayor para esta generación, acostumbrada a flashes fugaces de información. Todavía, lejos de ser “estúpida” (tesis de Bauerlein, 2008), se ha desempeñado mejor en la escuela, a pesar de la escuela estar muy lejos de le agradar, como trasparece en el celebre video “A Vision of Students Today” (2009), montado por 200 estudiantes. Se muestra la sala de clase instrucionista, el profesor autoritario, la charla unilateral, la transmisión copiada de contenidos… Se sugiere, entonces: “En vez de enfocar el profesor, el sistema de educación debería enfocar el estudiante; en vez de dar clase, los profesores deberían interaccionar con los estudiantes e ayudarlos a descubrir por si propios; en vez de transmitir un formulario ‘one-size-fits-all’ (estandarizado para todos) de la educación, las escuelas deberían customizar la educación para encajarse en el modo individual de aprender de cada niño; en vez de aislar los estudiantes, las escuelas deberían incitarlos a colaborar” (Tapscott, 2009:122). Hoy quien aprecia clase es profesor. Alumno huye de ella, porque la ve como obsoleta, para decir el mínimo. No importa lo que se conoce, pero como se aprende. “La habilidad de aprender cosas nuevas es más importante que nunca en un mundo donde se tiene de procesar nueva información a la velocidad de la luz. Los estudiantes necesitan ser capaces de pensar creativamente, críticamente y cooperativamente; dominar el ‘básico’ y ser excelentes en lectura, matemática, ciencia e alfabetización en información, y responder a las oportunidades e desafíos con velocidad, agilidad e innovación. Los estudiantes carecen expandir su conocimiento más allá de las puertas de su comunidad local para se tornar ciudadanos globales responsables y contributivos en la economía mundial crecientemente compleja” (Id.:127). La pedagogía persiste como propuesta anticuada, de otros tiempos, centrada en el profesor e en la clase. Tapscott, entonces, sugiere lo que significa este cambio: “Significa cambiar la relación entre profesor e alumno en el proceso de aprendizaje. Para enfocar el estudiante, los educadores deben abandonar el viejo sistema en el cual el profesor transmite a través de clase, la misma clase para todos los estudiantes. Primer, los docentes deben salir del pedestal y empezar a escuchar y conversar, al contrario de apenas dar clase. En otras palabras, necesitan abandonar su estilo ‘broadcast’ (transmisión abierta) e adoptar otro interactivo. Segundo, deberían incitar los estudiantes a descubrir por si mismos, e a aprender un proceso de descubierta y pensamiento crítico, al contrario de apenas memorizar la información del profesor. Tercer, carecen incitar los estudiantes a colaborar entre si y con otros fuera de la escuela. Finalmente, necesitan apurar el estilo de educación en favor de estilos individuales de aprender de sus estudiantes” (Id.:130).
Con picardía, Tapscott así define la clase: “el proceso en lo cual las anotaciones del
profesor van para las anotaciones de los estudiantes sin pasar por los cerebros
de ambos” (2009:131). Cita ambientes actualizados de aprendizaje, en los cuales
“there were no lectures” (no había clases)
(Id.:133). Es crucial salir de la instrucción e instituir la investigación,
porque las escuelas deberían ser lugares para aprender, no para enseñar, repercutiendo
la obra de Darling-Hammond/Sykes (1999), sobre “enseñar como la profesión de
aprender”. Tapscott recurre a un dicho de Papert, inspirado en Piaget: “El escándalo
de la educación es que toda vez que se enseña algo, se priva el niño del placer
y beneficio de la descubierta” (2009:134). Al lado de la educación formal (escuela
e universidad) se van propagando modos informales de aprender, en general
online, más accesibles e agradables, incentivando lo que se ha llamado de
“aprendizaje virtual” (e-learning)
(Mason/Rennie, 2006; 2008). Se abre la oportunidad de privilegiar el “discovery mode” (modo de la descubierta),
en especial cooperativa, aunque gran parte de los profesores gasten su tiempo
“dando clase” (Tapscott, 2009:141). En la “escuela
Hay polémicas fuertes en torno del comportamiento de
la generación net en el ambiente de trabajo. De un lado, ella es exigente,
soberbia, no se queda mucho tiempo en el mismo empleo (promedio de dos años),
quiere usar plataformas digitales mientras trabajan (inclusive aquellas que serían
más propiamente de entretenimiento, como Facebook), detesta escritorios cerrados,
bien como jerarquías rígidas. De otro, parece más bien preparada, es más cooperativa,
acepta y promueve la innovación, no pleitea seguridad e estabilidad. Hay ahí, ciertamente,
“the clash of generations” (el choque
de generaciones): una fuerza irresistible va de encuentro a un objeto inamovible
(Tapscott, 2009:153). En la práctica, sin embargo, parece claro que el mundo
productivo se mueve en la dirección del trabajo del conocimiento, privilegiando
este tipo de habilidad propio de la generación net. Entra en escena el “talento
Con respecto a las relaciones familiares, Tapscott cree que la nueva generación está introduciendo sensibles cambios, en gran parte positivos. Primer, mientras la otra generación encontraba la libertad fuera de casa, esta la encuentra en casa - “there’s no place like the new home” (no hay lugar igual al nuevo lar) (2009:226). Muchos, terminada la graduación, vuelven para casa e ahí se quedan. Aunque se critique que la nueva generación sea excesivamente “mimada” - trazo de esto son los “helicopter parents” (padres helicóptero, en el sentido de que se quedan pairando todo el tiempo sobre los hijos, para cuidar que no tengan problemas en la vida, algo que puede agravarse con teléfonos móviles: mientras los padres los definen como cuestión de seguridad, los hijos los definen como relacionamiento y privacidad) - ocurre que su desempeño escolar está mejorando, sin hablar que son expertos en casa, pudiendo enseñar tecnología a los padres. En general, aprecian el contacto con los padres, al contrario del estereotipo vigente de apartamiento, por cuenta de la distancia generacional. Hay que se llevar en cuenta aun que la familia sirve como protección para manejar los riesgos graves de la internet (bullying, pornografía, pedofilia, predadores, etc.), aunque muchos padres se queden ausentes. Por vuelta de 40% de los teens abajo de 18 anos dicen que sus padres no saben lo que hacen online. Otro riesgo creciente es la oferta de “screen for babies” (programas prematuros para niños abajo de un año de edad), algo ostensivamente condenado por Tapscott.
Diferentemente de la mancha de apatía política, Tapscott imagina que esta generación es participativa, tomando como ejemplo a la mano la participación intensa en la campaña e elección de Obama. En verdad, tienen aversión a la política tradicional, en especial al abuso de nuevas tecnologías para continuar los mismos fraudes políticos. No es una “me generation” (ensimismada), pero que demuestra cuidado con la sociedad. No suporta la visión liberal de que los gobiernos deberían salir del camino y dejarlo abierto para el mercado. Entretanto, lo que más cuenta en esta retomada democrática es que los jóvenes perciben que poseen armas poderosas a disposición, en especial las plataformas online. Tienden a ser más demócratas, asumen mucho más el voluntariado e ejercen iniciativas de solidaridad. Están construyendo la “democracia 2.0: de la transmisión abierta para la interactiva” (Tapscott, 2009:258), promoviendo el “marketplace of ideas” (mercado de ideas) (Id.:259). Aunque con lenguaje neoliberal, esta visión recuerda la “esfera pública” de Habermas, turbinada online. Usan wikis, blogs, social networks, digital brainstorms..., y más una riqueza de nuevos abordajes entre ellos: i) paneles online de ciudadanos; ii) votación deliberativa; iii) períodos de cuestionamiento virtual; iv) planeación de escenarios. Uno de los valores más resaltados en la política es la transparencia, favorecida por plataformas de la web 2.0, al lado de la ética ambiental (salvar el planeta).
Concluyendo su análisis, Tapscott se vuelve, una vez más, para los críticos y los intenta desconstruir, comenzando por el reconocimiento explícito del lado sombrío de la internet: los jóvenes están exponiendo arriesgadamente su privacidad, lo que puede no solo les causar problemas ahora, pero principalmente en el futuro (por ejemplo, cuando, al ser entrevistados para un empleo, el reclutador aparece con un relato sobre su privacidad divulgada en la internet). En el todo, todavía, saca una visión ampliamente positiva: esta generación es más bien preparada, inteligente y creativa. Existe el vicio de la tela, y que repercute en comportamientos sedentarios peligrosos, sin hablar del problema de estar solo en la muchedumbre. Todavía, la internet es un mundo típicamente social, aunque virtual. Se puede encontrar un equilibrio siempre más deseable que unilateralidades. Intenta rechazar la acusación de que la mídia sería responsable por la violencia en los jóvenes, en especial por cuenta de los videogames. Aquí se traba una polémica complicada y tortuosa, en general en un contexto de un diálogo de sordos. Ciertamente, se puede aludir que violencia tiene otros origines más comprometedores, como ambientes familiares y sociales decaídos, marginalizados, contaminados por el tráfico de drogas, tesis defendida por Sternheimer (2003), por ejemplo. Hay videogames extremamente violentos y difícilmente se podrían descartar como fomentadores de la violencia, por más que, en la tradición del entretenimiento desde el “far-west”, todos se matan, pero nadie muere! O sea, el jugador sabe que es fantasía. Será? Por otra, siempre se dice que no hay investigación conclusiva al respecto, en cuya sombra medran el advertising irresponsable e expresiones provocativas y macabras de la mídia. Al mismo tiempo, se puede aprovechar de la ambigüedad natural de tales fenómenos para sugerir, al final, que todo puede, dependiendo el problema del interesado e por cuenta de el. Permanece, todavía, un hecho clamoroso: el niño curre en la internet riesgos graves, hartamente comprobados, cuya gravedad solo se torna aun más virulenta en ambiente mercantilista y consumista. Se puede alegar que los propios niños acaban haciendo su código de ética, constituyendo reglas de juego apropiadas. Este gesto es, sin embargo, irresponsable, porque no cabe retirar este cuidado de los padres y educadores. Al final, parece prevalecer la impresión de que, uniéndose mercado, predadores, gangs, tráfico de drogas e otras perversidades, el niño está amenazadoramente expuesto en la internet, llevándose aun en cuenta su tendencia actual a exponer su privacidad despreocupadamente.
Dicho esto, todavía, cabe apuntar para contradicciones flagrantes de muchas críticas: “Se supone que los hijos de los boomers son super-programados, super-estresados y emprendedores exacerbados - pero en el mismo huelgo son descritos como lerdos y vagabundos. Al final, cual es? Tienen el desorden del déficit de atención y no pueden enfocarla; pero, al mismo tiempo, sientan por horas frente a una tela, sus ojos enfocados como un laser en un juego o actividades de la red social. No se preocupan con nada, pero, al mismo tiempo, quieren cambiar todo - desde como su empresa es gerenciada hasta quien es el presidente del país. Son obsesivos controladores egoístas y maníacos, pero, al mismo tiempo, dependen de los padres como esclavos. Están perdidos y confusos, pero su auto-estima y confianza alcanzaran niveles patológicos de narcisismo. Por favor, dennos un tiempo! Claramente algo más que verdadera investigación y pensamiento racional está metido ahí” (Tapscott, 2009:306). Estaría se formando una “NGenophobia” (fobia a la generación net) (Ib.), en parte por educadores. Da, entonces, como ejemplo la educación: “Hemos visto como el actual modelo de la Revolución Industrial - donde se espera de los niño que se queden sentados quietos e escuchen el profesor - no es apropiado para pequeños que crecieran digitalmente y se acostumbraran a interaccionar con las personas, no apenas escuchando. El viejo modelo educacional podría haber sido adecuado para la Era Industrial, pero no hace sentido para la nueva economía digital, o para la nueva generación de aprendices. Los pequeños tienen razón. Deberíamos cambiar el sistema educacional para hacerlo relevante para ellos. Los profesores deberían parar de dar clase. Deberían, al contrario, ser mentores para personas jóvenes que están usando esta herramienta maravillosa para explorar el mundo. Educación debería ser customizada para cada estudiante individual. Y dejémoslas colaborar. Así es como será el mundo” (Id.:308).
No dejo de reconocer cuanto es interesante esta obra de Tapscott. Pero es exageradamente positiva, casi un advertising en formato de libro o en la posición de abogado. Es importante que la vieja generación aposte en la nueva, también porque esta nueva nos ultrapasa en expertise tecnológica de lejos. Aunque se presenten innúmeros datos, la investigación parece ser más simpatizante que metodológica. De todos los modos, es meritorio este esfuerzo de pretensión científica (también para poder rebatir otros datos que se quieren científicos), teniendo aun el charme de no curvarse a diatribas académicas: se trata de conocimiento construido en ambientes transparentes, comunicable, al alcance de todos, cuya calidad es menos metodológica, que persuasiva (Bogost, 2008). Admira la actitud prestante del autor, revelando que no teme cambios. Antes, buscando aprender de la nueva generación, acepta el desafío da innovación de pecho abierto. Mismo así, haciéndose abogado de la causa, Tapscott se torna vulnerable al responder con exceso de buena voluntad al exceso de mala voluntad de muchos críticos.
IV. ARGUMENTACIÓN DISCUTIBLE
Para La nueva generación es natural que “todo que es sólido se desmancha en el aire” (Berman, 1986) en esta modernidad líquida e ambivalente (Bauman, 2001; 2006). Como en la internet no hay dueño, en términos de comunicación (no de apropiación de los programas), también no hay autoridad, ni verdad definitiva. En particular en la web 2.0, las plataformas favorecen este tipo de esfera pública que repele el argumento de autoridad, girando en torno de la autoridad del argumento. No se trata de efecto mecánico, automático, pero de potencialidad. Los contenidos no son adoptados, apenas usados, reusados, rehechos, customizados y descartados. La marca relativa de la validad en sociedad tornase tanto más flagrante, cuanto menos es posible inventar suelo inconcuso en plataformas como blogs y wikis, o sea, discursos finales y perenes. Al contrario, se mantienen abiertos, no por charme o artimaña, pero por condición natural de la comunicación interactiva. No se trata de ignorar su marca estratégica (en esto en general se considera que Habermas no tendría razón), porque toda comunicación humana se da en el horizonte de la politicidad (Demo, 2002a): la comunicación humana es una unidad de contrarios, polarizada, incompleta y dinámica, posiblemente abierta y disputada, intrínsecamente ambigua. Para la nueva generación la característica discutible de los contenidos en la internet es prácticamente obvia, en especial porque todo consenso es producto de negociación y nunca concluido propiamente. Aprende luego que solamente es posible haber algún consenso - siempre muy relativo - en torno de ideas discutibles. Es el caso de wikipedia: lo que ahí se elabora nunca se concluye; está siempre en discusión, naturalmente. Los resultados pueden ser considerados satisfactorios hasta este momento, no porque el punto de vista propio fue “adoptado”, pero porque fue compartido. Sigue de ahí que aprender es dinámica infinita, siendo la mayor habilidad humana permanecer aprendiendo. Parafraseando una noción piagetiana, una fase desemboca en otra superior, porque, en el contacto con la realidad, el niño descubre que la hipótesis anterior ya no basta; se torna necesario rehacerla, para incluir otros horizontes, e así sucesivamente. A la “equilibración” de una fase sigue la “desequilibración” que lleva a la nueva situación. O sea, aprender es hecho de desconstrucción y reconstrucción, de aprender y desaprender, manteniéndose todos los procesos naturalmente discutibles.
La nueva generación se encaja bien en la dinámica del remix (Weinberger, 2007. Latterell, 2006), cuya validad es típicamente relativa, aunque plantada en una base digital rígida. De manera estimulante, esta base digital algorítmica inflexible facilita la flexibilidad de las interpretaciones, en la medida que garantiza espacios desafiadores formalizados, no para fijar padrones definitivos, pero para posibilitar vuelos no lineales. En el lenguaje también es así: la gramática, rígida por ser un código de reglas, en vez de matar la poesía, la interpretación, la reconstrucción, las estimula, pues es referencia formal, no túmbalo existencial. Al mismo tiempo, esta condición híbrida que mezcla forma y dinámica apunta para espacios dialécticos hechos de unidades de contrarios o, como dice, Morin de unitas multiplex (2002). La nueva generación no se irrita con esto, porque ya no pretende validades definitivas de nada, pues todo pasa, inclusive la propia generación. No se deduce de ahí el relativismo, porque, en sociedad, hay validades siempre, aunque flexibles. Por ejemplo, la wikipedia vale, mismo porque no se queda atras de las enciclopédicas tradicionales, pero, al contrario de estas, no pleitea proposiciones aseguradas que fácilmente camuflan argumentos de autoridad. Se basta con la validad sustentada por el trabajo colectivo siempre abierto, por esto tanto más transparente, por esto tanto más confiable. A ninguno ocurriría considerar la wikipedia una “biblia”, en particular porque siendo construida y desconstruida colectivamente, su validad es naturalmente datada y localizada. Por esto, la wikipedia no “adopta” teorías. Las usa, en la medida en que interesan y fomentan la creatividad. No descalifica las teorías, pero no las toma más como textos sagrados.
En la dinámica del remix, se diluye también la noción de autoría. De un lado, se mantiene el desafío de autoría, en el plan individual y subjetivo, como suelo fértil del aprendizaje. De otro, no siendo ningún autor propiamente original, porque no hay mente humana que comience del cero o llegue al fin, la autoría colectiva se impone, no para substituir la individual, pero para componer con ella una trama más inteligente y creativa. Esta es la cara de la internet: una inmensa basura confusa, caótica, pero capaz de movilizar contenidos estimulantes y procedimientos creativos. A pesar de todas las banalizaciones e plagios que abundan en la internet, emergen de ahí nuevas epistemologías que alimentan nuevos formatos de conocimiento de cuño más post-moderno (Demo, 2008b). Sin abandonar los rigores metodológicos - al contrario, reconociéndose matemática como una de las habilidades del siglo XXI, la destreza de la formalización de los contenidos se torna eminente – se ultrapasa el positivismo/empirismo preso a la dictadura del método, procurando inquirir la intensidad de las dinámicas, más allá de su extensión mensurable. Se aprende esto más fácilmente en el mundo virtual, no físico, no mensurable, intenso y fugaz, donde evidencias empíricas no medran. No se pretende fundar una nueva ciencia, pero reconstruir la promesa de la autoridad del argumento más allá de los dueños de la verdad. En este sentido, se requiere rigor implacable en la argumentación, no para inventar fundamentos últimos, pero para ofrecer alternativas estimulantes para la discusión bien hecha y persuasiva, como se puede apreciar en videogames (Bogost, 2007).
Aunque con especial disgusto, la vieja academia se siente desestabilizada, en general, porque, perdiendo la condición de argumento de autoridad, necesita pleitear, en la esfera pública transparente, la autoridad del argumento en condiciones de igualdad. Publicando en plataformas digitales de la web 2.0, sus textos solo pueden requerir validad relativa: son naturalmente discutibles y por esto perfeccionables dentro de un concurso colectivo abierto. Lo que duele en esta vieja academia es sorprenderse discutible (Demo, 2008). Antes, solo el aluno era discutible, obviamente. Ahora todos. El conocimiento, antes tarea reservada y preservada a iniciados muy especiales, se torna, de cierta manera, “sentido común” (Santos, 1995), porque al alcance de todos. Será inevitable una cierta nivelación por abajo, así como textos colectivos pueden fácilmente ser banales. Pero no es menos relevante que el arte de argumentar sea obra común y colectiva (Demo, 2008). Conocimiento “prudente”, para parafrasear Santos (2004), es resultado de juego limpio, transparente, multicultural. Siendo autocrítica la coherencia de la crítica, conocimiento honesto es aquel que vale por ser discutible. Instaurando el juego de la discusión abierta y bien fundamentada en la esfera pública virtual es posible privilegiar la autoridad del argumento, para convencer sin vencer.
Es vicio tradicional mantener al fondo del análisis un padrón de verdad, como se fuera posible desvendar alguna esencia de la realidad (Demo, 2002), camuflando posiciones pretendidamente firmes, pero, en la práctica, moralistas/fundamentalistas. Así, muchos críticos de las nuevas tecnologías y de la generación digital pretenden saber lo que es bueno para los otros, apuntando para un pretenso orden natural de las cosas. Por ejemplo, la nueva generación practica el multitasking, se da bien con velocidad creciente de las máquinas, le gusta leer en la tela, mientras la vieja prefiere estudiar en silencio, prestar atención en una cosa sola, apreciar el libro impreso. Así como es natural gustar de libro, también es natural gustar de tela. El problema podría surgir en extremismos e exageraciones, por ejemplo, al no saber fijarse en nada, haciendo todo superficialmente. Aunque la presión sobre velocidad se deba, en gran parte, a la ganancia del mercado, en si no necesita ser problema mayor, como muestran los jugadores de videogame, cuando desarrollan desenvoltura increíble en la sintonía entre pericia manual e ocular. Será siempre difícil decidir cuánto tiempo sería recomendable o no recomendable en la internet por día, por la razón simple de que no es viable crear criterios a priori. Pero es, esto sí, posible argumentar en favor de procedimientos que no comprometan el desarrollo físico y mental de los niños, ya que el mundo virtual no sustituye el real, y viceversa. Me parece fuera de lugar, para dar un ejemplo, prohibir que niños acceden la internet, por más que curran ahí riesgos alarmantes. Primer, porque - todos los educadores saben - educar es siempre preferible a prohibir (también porque lo que es prohibido es más atrayente). Segundo, porque internet es hecho consumado: es mejor saber usar inteligentemente e éticamente, que impedir el acceso. El niño puede no usar en casa, pero difícilmente dejará de acceder fuera de ella, contradiciendo a los padres y con tanto mayor picardía. Tercer, porque la internet puede representar oportunidad fundamental en la vida del niño, desde que inserida en ambiente educativo adecuado. Así, la tarea de padres cuidadosos no es impedir el acceso, pero montar un ambiente educativo que configure el acceso de manera a estimular aprendizajes efectivos.
Entretanto, si hay dueños de la verdad entre los críticos, los hay también entre los entusiasmados. Asumiendo en el fondo el determinismo tecnológico, saludan todos los cambios por atacado, dejando de llevar en cuenta la historia, la cultura, las identidades, las expectativas. No perciben que cambio tiene dueño, en especial el mercado, que trata de hacer de los usuarios consumidores asiduos y no reflexivos. Cabe, entonces, la mirada del educador: cauteloso, crítico, siempre confiante. No faltan pesadillas en las nuevas tecnologías, bien como no faltan sueños.
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[1] Vea obra de Souza (2004), ex-ministro de la educación del gobierno Fernando Henrique Cardoso, sobre “revolución gerenciada”, en la cual busca mostrar que planeó e implantó, en todos los detalles, una “revolución”, en la condición de gerente. Se trata de típica concepción liviana de cambio bajo control. Por esto mismo, en ocho años de gestión, la calidad de la educación solo empeoró, conforme los datos de Saeb (Demo, 2004). En el otro lado, aparece la concepción de “cambiar el mundo sin tomar el poder” (Holloway, 2003), para insinuar el rechazo a los dueños del cambio.
[2] Vea texto en Sutter (2002:73) de Fedro de Platón, en el cual Tot, dios
inventor, es cuestionado por Amon, dios supremo: “Tu invención producirá el
olvido en las mentes de los que la aprendieren a usar, pues dejarán de
practicar sus memorias. La confianza de ellos en la escrita, producida por
caracteres externos a ellos, desmotivará el uso de sus propias memorias
internas. Tu inventaste una receta no para la memoria, pero para el recuerdo; e
estás ofreciendo a tus discípulos una sabiduría aparente, no la verdadera
sabiduría, pues irán leer muchas cosas sin el auxilio de un maestro y, por esto,
parecerán saber muchas cosas, cuando en verdad son en la mayoría de las veces
ignorantes, una vez que no son sabios, pero apenas parecen ser sabios”. Vea
también Chaves (1999:200), que apunta aun para el mismo susto con la invención
de la prensa: por ejemplo,