EVALUACIÓN DEL DESEMPEÑO DOCENTE

 

¿QUÉ ES SER UN BUEN DOCENTE?

 

 

 

Pedro Demo (2008)

 

 

 

Qué es ser un buen docente es una pregunta, cuya respuesta depende de cómo definir el docente. De manera general, ser docente se restringe fácilmente a ministrar clases, como regla de modo transmitido, reproductivo, algo siempre muy condenado por las teorías del aprendizaje de inspiración constructivista o autopoiética. Muchas veces no nos preguntamos por la competencia implicada en esta actividad, bastándonos con simplemente dar clase: quien da clase, ipso facto es docente. Dicho de otro modo, ser docente es “enseñar”, un verbo también cuestionado por las teorías del aprendizaje, en especial por las visiones autopoiéticas: funcionando el ser vivo a partir de dentro hacia afuera, de manera interpretativa, reconstructiva, auto-referente, enseñar es, a rigor, imposible, por más que el docente lo intente. Lo que entra en nuestra cabeza, entra por dentro, en la condición de sujeto observador, como siempre alega Maturana (Maturana/Varela, 1994. Maturana, 2001). Esta visión detiene la pretensión de “cierre estructural” del ser vivo en su auto-referencia, por lo menos en parte corregida por Varela con sus conceptos de enacción y mente incorporada (Varela et alii, 1997. Demo, 2002), problemática que no discuto aquí. Aprovecho solamente la noción pertinente de ineptitud del instrucionismo, es decir, de aquella didáctica que viene de arriba hacia abajo, de fuera hacia dentro, reproductivista.

En este texto preliminar discuto lo que sería ser docente en la universidad, tomando en cuenta que aprender implica participación activa del aprendiz, en especial investigar e elaborar como dinámicas típicamente reconstructivas, autopoiéticas, y participación de estilo socrático en el docente. Escuchar clases no es requisito fundamental, aunque pueda existir, ciertamente. El órgano crucial de aprendizaje es el cerebro, no el oído, sin embargo el cerebro no pueda ser visto aisladamente (Edelman/Tononi, 2000).

 

 

 

I. TENTACIÓN DEL INSTRUCIONISMO

 

 

 

Educación puede ser vista bajo muchos ángulos. Para la sociología, la tendencia es verla como reproducción del sistema (Bourdieu/Passeron, 1975. Demo, 2004), en particular bajo el paradigma marxista estructuralista (Althusser/Balibar, 1970. Althusser, 1971). Educación sería “aparato ideológico del Estado”, cuya finalidad es reproducir el sistema capitalista. Esta visión fue revisada, por lo menos en parte, porque padece de determinismo fuera de lugar, por más que la propensión sea reproductiva. Para la economía, la tendencia es verla como mecanismo subalterno de la productividad y competitividad, algo tanto más resaltado en el actual sistema productivo (Ioschpe, 2004), por cuenta de la valorización que se hace del conocimiento innovador, también bien percibido por Cepal e Orealc en los inicios de la década de los 90 (Cepal, 1992. Cepal/Orealc, 1992). La integración de equidad/educación y transformación productiva se quedó apenas canto de la sirena, ya que el papel de la educación allí es marcadamente subordinado. Para la pedagogía, principalmente en la visión de Paulo Freire (1997), educación sería fundamento de la transformación social, en la medida que se vincula con ciudadanía popular. Esta tesis - es una expectativa, nada más - fácilmente tornase unilateral, al ignorar los condicionamientos socioeconómicos, de un lado, e la flaqueza de la formación pedagógica, del otro (Demo, 2005). Una pedagogía que solo “enseña”, nada transforma, tornándose el signo de la resistencia al aprendizaje.

La nueva mídia, empujada por el mercado competitivo globalizado, intenta aprisionar educación en los medios tecnológicos, ora resaltando virtudes virtuales imprescindibles de los nuevos lenguajes e alfabetizaciones (Demo, 2007), ora atando al determinismo tecnológico y que, en el fondo, es del mercado liberal. Como la informática avanza a la velocidad de la luz y la pedagogía de la tortuga, el hiato tornase creciente, a punto de la escuela parecer, hoy día, un mundo de la luna, valiendo esta observación también para instituciones universitarias. El lenguaje allí usado es obsoleto cada vez más, en parte dando la impresión de que se pretende preparar las personas para un mundo que ya no existe (Demo, 2004a; 2004b).

Dentro de este contexto, es posible preguntar: qué pude hacer un docente? O, la docencia es importante para qué? Predomina aún como respuesta la idea instrucionista, en general encajada en la noción de transmisión de contenidos. A cada clase, metemos un tanto a más de contenido curricular en la cabeza de los alumnos. Fue criada la “apostila”, un texto prefabricado que tiene cara de receta pronta, y cuya finalidad es ser absorbida miméticamente. Candidatos que disputan oportunidad en la universidad de punta y necesitan hacer examen selectivo, pasan el tiempo “engullendo” textos tipo receta, memorizando montañas de contenidos. Buen docente, allí, sería aquello que tiene la habilidad de encantar el alumno, haciéndolo memorizar bien los contenidos. Función del docente es repasar, del alumno memorizar, contenidos. En un país como Brasil, siendo la oferta universitaria predominantemente nocturna y privada, muchedumbres de alumnos buscan tales instituciones para escuchar clases, ministradas por docentes que solo transmiten “conocimiento” ajeno, reduciendo el ritual a: escuchar clase, tomar nota y hacer prueba. Con esto, llegamos al diploma, sin mayores dificultades. La dificultad mayor ni es didáctica, pero como combinar la vida de trabajo con la de estudio, perjudicando completamente a este, en particular cuando se tiene que viajar horas para ir a la y venir de la facultad, cada noche. Como la mayoría de los alumnos solo pueden estudiar a la noche, tenemos de reconocer que es derecho suyo estudiar bajo tales condiciones tan adversas.

No son ambientes de estudio o aprendizaje, ni de lectura asidua, mucho menos de construcción del conocimiento. El propio docente no produce conocimiento, no por culpa, pero por defecto original de formación, al lado de condiciones precarias culturales y laborales que lo circundan. Espera del alumno el mismo reprodutivismo del cual es representante legítimo y consumado. Es posible percibir esto, en especial, en los docentes básicos formados en estas instituciones instrucionistas: no poseen texto propio, no investigan y no elaboran, no son autores. Difícilmente un alfabetizador sabe alfabetizar, tiendo como razón principal no saber construir propuesta propia de alfabetización. Su pregunta fatal es casi siempre: cual es el método? Imagina que exista un método acabado de alfabetización. Como solo sabe dar clases, todo se resume en la clase. Por tras está la idea inepta de que conocimiento es un estoque de habilidades transferibles de cabeza a cabeza: en el docente, cumple transmitir; en el alumno, cumple absorber. La pasividad, la subordinación son la regla de esta relación que ironicamente se llama “pedagógica”.

Es común en instituciones privadas el docente “horista” - aquel contratado solo para dar clases. Si el contrato es de ocho horas, tratase de ocho horas de clases. No se piensa que, para dar ocho horas de clases, muy probablemente son necesarias otras ocho horas de estudio, investigación, elaboración. Así, tenemos una figura estereotipada: se supone un genio que, tiendo todo en la cabeza, no tendría otra diversión que no sea transmitir lo que definitivamente sabe; estaría pronto para la toda la vida o detendría un diploma definitivo, no necesitando más leer, estudiar; parece que la división del trabajo es simplemente: el alumno aprende, el docente enseña (Demo, 2004b). Aunque no sea el caso hacer guerra contra la clase, aumentar la clase, en general, es idea sin sentido. En el caso brasileño, una nueva versión de ley educacional de 1996 determinó el aumento de año lectivo para 200 días (Demo, 1997), tiendo como resultado visible la queda mucho más drástica del desempeño de los alumnos (Demo, 2004c). Aumentar el sistema de enseñanza fundamental de ocho para nueve años pude tener este mismo resultado adverso, porque no se trata de aumentar clase; tratase de perfeccionar el aprendizaje. Clase no es necesariamente aprendizaje.

En su best-seller “El mundo es plano”, Friedman (2005) (dejando de lado aquí su tosca defensa de Bush e de su política antiterrorismo) analiza países que promueven una cultura que valora educación, conocimiento, investigación, mientras otras no perciben la importancia de una buena formación, en especial de formación permanente[1]. Más que gente estudiada e que aprecia estudiar, nos encantan los astros e estrellas del cinema, jugadores de fútbol, cantantes, presentadores de televisión, que se quedan ricos de noche para el día, sin estudiar. Al contrario de lo que Duderstadt propone - que en la era del conocimiento “personas educadas y sus ideas se tornaran la riqueza de las naciones” (2003:4)[2] - tendemos a creer que el éxito en la vida viene esencialmente de la astucia. Sociedades que valoran el estudio están también más prójimas de aceptar la referencia de mérito alcanzado bajo la égida de la autoridad del argumento, no del argumento de autoridad (Demo, 2005a). En cierta medida, es verdad: mientras el Primer Mundo investiga, el Tercero da clases!

El docente podría ir mucho más allá de solo dar clase. Sería importante, también porque, se tuviera coraje de tornar libre la frecuencia a sus clases para los alumnos, vería que probablemente se quedaría solo. Ni siempre, todavía. Pues los alumnos también aprecian clases, no porque sean importantes, más porque facilitan la vida: basta copiar y reproducir en la prueba. Para conseguir promover la formación del alumno, no solo el acceso reproductivo al diploma, el docente necesita, antes de más nada, realizar en si mismo lo que espera del alumno. O sea, para que el alumno aprenda bien, es indispensable un docente que aprenda bien. Es muy probable que el dicente salga a la imagen y semejanza del docente, a la revelía de la teoría de la autopoiese. Diplomados que concluyen el curso y después nunca más estudian, investigan, innovan, son resultado, en gran parte, de docentes que solo enseñaban.

 

 

 

II. INVESTIGAR E ELABORAR

 

 

 

Considero investigación e elaboración simplemente como referencias pertinentes del aprendizaje adecuado, entendiendo que se trata de inmensa simplificación. Son, todavía, dinámicas apropiadas, pues, al contrario de la clase, pueden ser autopoiéticas, interpretativas, reconstructivas, facilitando la autoría. En este contexto es que se afirma ser autoría fundamento de la docencia, no la clase. Quien no es autor, no tiene nada para decir. Sin producción propia no pude existir docencia, porque esta decaería para el mero instrucionismo. No es así que mera producción propia garantiza docencia adecuada, porque docencia es un escenario multidimensional, compuesto de innumeras referencias, en las cuales no faltan también las emocionales, personales, carismáticas. Un buen investigador no es necesariamente un buen docente, no porque este es experto de clase, mas porque docente necesita saber hacer el alumno aprender e esto no sigue fatalmente de saber investigar. Todavía, saber investigar detiene ya uno de los fundamentos cruciales de la docencia: autoría[3].

Lo más importante en esta idea es la posibilidad de conjugar cualidad formal y política. Por cualidad formal del docente entendemos la competencia técnica, dominio de los contenidos, profesionalismo, conocimiento adecuado. Por cualidad política entendemos la habilidad de concebir e usar medios técnicos para fines debidos, sobretodo éticos. El proceso formativo del alumno exige ambos los horizontes: necesita tornarse profesional, pero necesita no menos tornarse ciudadano. Esperase que el docente sepa manejar este reto de modo adecuado, conjugando competencia técnica con ciudadanía, una habilidad que podríamos sumariar como “saber pensar” (Demo, 2000). Saber pensar supone dominio lógico, técnico, manejo de contenidos, pero igualmente saber cuestionar e intervenir de maneras alternativas, teniendo en vista alternativas de sociedad. Es fundamental superar el argumento de autoridad, porque, en verdad, no es argumento. Es autoridad. Una de las mayores descubiertas de la universidad es la autoridad del argumento, porque este permite convencer, sin vencer. Si la autoridad fuera del argumento, no es autoritario, pero meritorio por cuenta del embasamiento que presenta. Al mismo tiempo, la autoridad del argumento es naturalmente abierta, provisoria y comunicable. Solo pode ser compartido lo que es discutible (Demo, 2000a).

La calidad política, sin embargo, no pude ser forjada fuera de la cualidad formal, mucho menos en su revelía. Cuando el alumno aprende a embasar lo que dice, a escuchar con debida atención lo que el otro dice, a ceder en nombre de otras argumentaciones posibles y mismo mejores, a compartir ideas en beneficio del grupo, a revisar posiciones e a mantenerlas removibles, no está solo haciendo ciencia, construyendo conocimiento, está igualmente forjando su ciudadanía, precisamente la ciudadanía que sabe pensar. Esta es la ciudadanía más propia de la universidad: no necesita gritar, vociferar, agredir, violentar, imponerse, porque su fuerza es la aparente flaqueza de la autoridad del argumento. Así parece: es lo que de mejor un docente podría hacer - de un lado, ser profesional dotado de méritos en su área; de otro, una figura socrática cuya presencia es influenciar de modo que el aluno no se deje influenciar, como sugería Paulo Freire (1997). Una de las ingenierías más complejas de la educación es construir autonomías que sean capaces de convivir con otras autonomías (Demo, 2005b), lo que pone no solo retos técnicos, formales, pero principalmente políticos. Educación es profundamente dinámica política, en la cual se resalta la politicidad de su naturaleza (Demo, 2002a), o sea, la habilidad de tratar con sus límites en nombre de la autonomía relativa.

Investigar e elaborar, siendo dinámicas autopoiéticas, interpretativas, reconstructivas, auto-referentes, pueden, cuando bien conducidas, digamos, socráticamente, favorecer a este tipo de formación dotada de cualidad formal y política. Son importantes para construir conocimiento, pero no menos importantes para cuestionar conocimiento. El punto de partida del saber pensar es cuestionar. Quien sabe pensar, dice no, duda, pregunta. Quien no sabe pensar, dice amen. Clases reproductivas son típicamente amen, en el docente e en el alumno. Por esto, hay que exigir del docente autoría, con cualidad formal y política. No tenemos aún gran tradición en esto, mismo en algunas instituciones antiguas. Aunque no sea jamás el caso imitar otros modelos de universidad, en  especial de los países nórdicos, algo hay que aprender. Es común aún entre nosotros instituciones universitarias de mera enseñanza. No investigan. Peor que esto, insisten en que investigación no es prioritaria. Solo enseñan, dan clases, instruyen. En esto estamos más prójimos de los paradigmas norteamericanos, en cuyo espacio encontramos tanto las mejores universidades del mundo, conocidas no por las clases, pero por producción soberana e abundante de conocimiento, bien como otras tantas - una gran mayoría - que solo enseñan. Dice Duderstadt: “Por un tiempo, los estudiantes pueden tolerar el paradigma de la clase lineal, secuencial, del currículo de la facultad tradicional. Aún leen lo que les imponemos, escriben los textos exigidos y pasan en los exámenes. Pero esto no es decididamente el modo como aprenden. Aprenden de una manera altamente no lineal, saltando del comienzo para el fin y después de vuelta otra vez, y montando grupos de pares de aprendices, desarrollando redes sofisticadas de aprendizaje. En un sentido real, construyen ambientes propios de aprendizaje que posibilitan aprendizaje interactivo, participativo, reconozcamos y nos acomodemos a esto o no… Todavía, su tolerancia por la sala tradicional de clase y por el modelo de currículo de cuatro años podrá no durar mucho. Los estudiantes demandarán crecientemente nuevos paradigmas de aprendizaje más encajados en sus estilos de aprendizaje y más apropiados para prepararles para aprendizaje y cambio durante toda su vida. Ya existen señales de que la experiencia entera de sala de clase - esto es, la transmisión de contenidos de conocimientos asociados a los cursos - podrán luego ser embalados en la mídia electrónica como una comodidad y distribuida a mercados de masa, muy similar a los actuales libros de texto” (2003:83).

Al mismo tiempo, la autoría ya no es vista como propiedad personal exclusiva. Ninguna idea es, en si, nueva, porque, para tenerla, precisamos de encaje cultural previo, sin hablar que nuestra cabeza hace parte de un eslabón sin fin de cabezas que vinieran antes y continuarán después. En términos autopoiéticos, las ideas son nuevas, porque toda interpretación, siendo auto-referente, no será repetida, ni por el mismo sujeto. Pero son solo relativamente nuevas, como nosotros somos apenas  relativamente nuevos. Nuestra individualidad irrepetible compatibilizase con la necesidad de convivencia, que va burilar sin fin los trazos individuales. Como insinúan Cope/Kalantzis (2000a:205), somos “invariablemente únicos y híbridos”. El otro nos constituye. El sujeto plantado en la individualidad exclusivamente es ficción, porque el individuo solo puede ser definido junto con y diferente del otro. La autoría está tornándose más modesta, porque, en vez de se ver como modo de se separar de los otros que no serían autores, en la práctica es modo de se distribuir, de se compartir. El docente precisa ser un autor que continua aprendiendo, o sea, siempre incompleto, capaz de perfeccionarse sin nunca tornarse perfecto. Esta ingeniería precisa ser construida en el alumno también, para que su formación sea permanente.

 

 

 

III. EROSIONES EN MARCHA

 

 

 

La educación será impactada, crecientemente, por la nueva mídia. También la docencia. No hay vuelta, mismo siendo nueva mídia cuestión instrumental. Ocurre, todavía, que, mismo siendo algo instrumental, es instrumento inevitable. Sin entrar a fondo en este tema, somos llevados a reconocer que, siendo nosotros mismos tecnología de la naturaleza, nuestra ligación con tecnología va muy allá de la cuestión instrumental (Simondon/Hart, 2001. Haraway, 1991. Plant, 1999). La naturaleza en su larga evolución lenta, gradual, profunda e irreversible, inventó innúmeros seres, dentro de la perspectiva autopoiética, rehaciendo lo que había hecho, reinventando de lo que ya había inventado, un eterno “remix”, una miscelánea, como dicen los internautas de hoy (Weinberger, 2007). Como siempre en la historia humana, las cosas son ambiguas, no propiamente dicotómicas. La Internet puede ser la gran biblioteca disponible para investigación e elaboración, bien como puede ser el lugar preferido del fraude intelectual. En general, los docentes ven la Internet con mirada desconfiada, porque en ella nada se crea, todo se copia, incluso tesis de doctorado. Aunque mucho se exagere el grado de libertad en la Internet e en la nueva mídia en general (Galloway, 2004. Liu, 2004), ocurre que, cada vez más, la interactividad permite por lo menos un entusiasmado sentido de libertad en especial en los adolescentes y jóvenes, como es el caso de los “buenos” juegos electrónicos (Gee, 2007. Prensky, 2001). La clase va retrocediendo, para tornarse algo como astucia docente en nombre de su pretensa importancia. Casi todo o todo ya se encuentra en la Internet, como diría Breck (2006), en un exceso típico de esta euforia. La mediación del docente parece vaciarse inapelablemente (Maeroff, 2003).

No es bien así. Será substituido el docente reproductivista, instrucionista, porque, a rigor, desnecesario. Para simplemente exponer información ajena, basta la nueva mídia, de sobra. Pero, del punto de vista de la educación, la mediación docente continua tan importante cuanto siempre fue, pero en una óptica socrática, mayéutica, y que, por veces, se pretende captarla por medio del concepto norteamericano de “coach” (Duderstadt, 2003. Mink et alii, 1993), cuya traducción ni siempre es muy feliz en lenguas latinas. En el caso del “coach” de fútbol, por ejemplo, el no juega, pero precisa orquestar el juego de los atletas, “leer” el juego y hacer los jugadores leer el juego, en particular cuando están perdiendo el partido, motivar siempre, desconstruir y reconstruir competencias, e así por adelante. En última instancia, sería posible jugar sin “coach”, como hacemos en juegos entre amigos, así como sería posible una orquestra funcionar sin maestro. Pero, para tener un resultado cualitativo, la mediación docente es imprescindible, aunque sea del orden de las influencias externas. Al final de cuentas, quien aprende es el alumno. Sin embargo, no se puede, hoy, enfocar solo el aprendizaje individual, porque, en el fondo, privilegia la memorización individualizada. Aprender es siempre acto social, cultural, mediado no solo por el docente, pero por la condición humana como un todo, tal cual muestran los nuevos estudios sobre “alfabetización” (Cope/Kalantzis, 2000. Gee, 2003; 2004). El pensamiento, que parece estar individualizado en la cabeza, en reclusión impenetrable, no sería posible sin antecedentes naturales y culturales, y consecuentes. Aunque podría parecer, nadie piensa solo, y la Internet tendría a tornarse lugar privilegiado de un tipo colectivo de pensamiento, en la práctica una ideagora (Tapscott/Williams, 2007), una esfera pública, no obstante virtual (Weinberger, 2007).

Surge la autoría colectiva, como es el caso notorio de la wikipedia, en la cual todos pueden participar, en principio, pero la colaboración es colocada bajo escrutinio de todos, libremente. El texto “original” es cambiado con la colaboración de todos, hasta llegar a un punto de satisfacción o cansancio, considerado, entonces, “neutro”, o sea, neutro porque ya nadie se dispone a tocar en el texto (Weinberger, 2007). Este tipo de “conocimiento” es, casi siempre, más rastrero, porque todo producto común tiende a ser más rastrero. Pero tiene la virtud fantástica de ser producto común. Para los docentes esto pone desafíos fuertes, ya que, dejando de ser referencia fatídica del alumno, diluyese, como todo autor, en la plétora de información disponible. Fácilmente el docente encuentra alumno más bien informado. Persistirá, creo, la distinción entre docente y dicente, pero solo en el plan social. En el plan del aprendizaje están ambos en el mismo barco, el docente talvez orientando el barco, los alumnos remando juntos. Cuando los alumnos llevan para casa tareas encomendadas por los docentes, en general la hacen juntos, vía Internet, en un auténtico remix misceláneo, cuya autoría es conjunta y siempre mal definida. Hay docentes que regresan para el texto escrito con la mano, para tener certeza del esfuerzo individualizado, pero esto es conducta policial, sin perspectiva. Es bien mejor “educar” los alumnos a usar bien la nueva mídia.

Así ocurre también con la así dicha “educación a distancia”, que, según críticos feroces, en general solo tiene “distancia”, no tiene “educación”. Pero llegó para quedar-se, también. En general muy mal hecha, paga el precio de la mala fama. Pero se puede ciertamente aprender a distancia, ya que, quien estudia, está presente. La insistencia sobre presencia física es signo de una era ultrapasada. Presencia es una dinámica flexible, ambigua, multidimensional, como es la presencia virtual. Sería tonto el docente sugerir al joven que, trabajando con tareas en la Internet de modo interactivo, ellos (el grupo) están “ausentes”. La resistencia a modos más flexibles de presencia traiciona el apego a la clase, como se fuera la única mediación posible. En verdad, clase se va tornando la peor mediación disponible. Bastaría mirar los ambientes virtuales usados en muchas universidades, como el moodle, y que, por ironía, casi siempre son adoptados pioneramente por docentes de las áreas duras (matemática, ingeniería). El docente descubre, desde luego, que la transmisión obsesiva de contenidos es obra perdida, ya que, primer, siendo infinitos los contenidos, solo podemos tratarlos selectivamente, segundo, envejeciendo rápidamente cualquier contenido, es más inteligente saber reconstruirlos, y, tercero, tornándose urgente mantenerse actualizado, es más fundamental saber pensar, aprender a aprender. El problema es mucho menos el alumno, que el docente. Este resiste bravamente (Stoll, 1999. Duderstadt, 2003).

En seguida, se descubre que los estudiantes pueden estudiar de muchas maneras, siendo fundamental que estudien, no escuchen clases. Estas pueden continuar, pero en la condición auxiliar, introductoria, o de orientación. El gran desafío es transformar el ambiente universitario en ambiente de aprendizaje, donde todos comparecen, no para escuchar clases, pero para estudiar, investigar, elaborar. La relevancia docente crece, en la medida que los alumnos estudian con mayor entusiasmo y dedicación, ocurriendo más fácilmente la posibilidad de cultivo de la cualidad política, bajo el signo de la autoridad del argumento. Esta habilidad, si bien hecha con apoyo de tecnologías virtuales, incrementa la esfera pública del saber pensar compartido, deshaciendo el mito del mundo de las ideas, que antes veíamos como propiedad de celebridades docentes. El buen uso de los mundos virtuales permite, además, lo que se está llamando de “aprendizaje situado” (Gee, 2004), en la medida que la construcción en 3D faculta su manipulación por parte del alumno. Aunque sea una simulación, ella puede ser tan bien hecha que parece más real que lo real. Así, el aprendizaje abstracto de la escuela y de la universidad podría ser substituido por actividades de investigación virtual, por medio de las cuales los alumnos interactúan con plataformas flexibles y motivadoras, casi “palpando” los contenidos.

Se puede, entonces, hacer nuevos textos, más allá de los impresos tradicionales. El imagen tornase referencia crucial (Kress/Leeuwen, 2001. Kress, 2005), tanto más porque el texto impreso no pasa de “ilustración” del imagen que domina el escenario. Innúmeras son las oportunidades innovadoras: textos animados, audio y video, textos del tipo juego electrónico, computación gráfica, ambientes de blogs y wikipedia, e así por adelante, poniendo el reto de, luego, luego, tener una tesis de doctorado como texto de DVD, por ejemplo. Millares de niños de siete años de edad en los Estados Unidos son autores de ficción de Harry Potter en blogs, indicando que el manejo del conocimiento podría atingir niveles bien más elevados de aquellos en las universidades actualmente. Y allí cabe la pregunta: para qué clase? Estos niños no suportan nuestras clases, porque saben que pueden hacer cosa mucho mejor que escuchar las metanarrativas adultas.

 

 

 

IV. BUEN DOCENTE

 

 

 

Cada vez menos jóvenes recomendarían nuestras clases (Demo, 2004d). Si tuvieran opción, estudiarían de otos modos, en especial en ambientes virtuales, por más que estos también sean ambiguos. Aquel docente tradicional, “bueno” de contenido y bueno transmisor de contenidos, parece que va desapareciendo. También no hace más sentido aquel docente que sabe motivar los alumnos para memorizar contenidos. Motivación es tan importante en la vida de las personas que no puede ser abusada para algo tan mezquino. Así, ser docente tornase desafío cada día más complejo y temerario. Aunque carisma personal y buena retórica puedan siempre ayudar mucho, no implican aprendizaje en el alumno necesariamente. Fiarse en la palabra transmitida y bien acogida no basta, porque la tendencia es recaer en la pasividad dicente. Quien solo tuve clases en la universidad, no está preparado para nada, ni para la vida, ni para el mercado, porque, en la maraña de procesos acelerados de cambio, la innovación exige saber pensar, investigar, elaborar.

No cabría, también, evaluar la docencia por la clase o frecuencia a clase, porque puede no pasar de rito vacío y mismo fraudulento. La cuestión de fondo es que ningún criterio de evaluación es suficientemente seguro y claro: todo criterio de evaluación necesita ser evaluado y continuar bajo evaluación, tal cual el evaluador. No se puede eximir el evaluador de ser evaluado, porque tal contradicción performativa vaciaría el propio evaluador. Al mismo tiempo, muchas son las “salidas” para burlar la evaluación. Por ejemplo, podemos publicar, no por mérito, pero por astucia. Podemos ser citados por colegas, no por mérito, pero por solidariedad excusa. Es siempre impropio (ridículo) establecer cuantidades de producción docente (por ejemplo, número de artículos por año), no solo porque esto puede ser fácilmente falsificado, pelo principalmente porque saber pensar no viene por kilo. Lo que importa es la creatividad, la innovación, e en especial la calidad política, “cosas” extremamente difíciles de ser evaluadas. No estoy sugiriendo que no puedan, de alguna forma, ser cuantificadas, porque toda calidad humana tiene referencia cuantitativa, como la propia mente: es, físicamente hablando, un pedazo de carne (meatware!), aunque produzca imaginación, como dirían Edelman/Tononi (2000)[4]. El problema no es cuantificar (la medicina cuantifica todos sus testes diagnósticos y con buenos resultados), pero la cabeza del evaluador, ya que todo dato solo habla por la boca de una teoría. O sea, dato no reflecte directamente la realidad, pelo modo de la interpretar cuantitativamente (Besson, 1995). Un docente puede tener una obra grande, pero no una gran obra. En todo caso, precisa tener obra, ser autor.

Mirando los estudiantes, sería siempre importante cuidar que se formen con calidad indudable para enfrentar la vida e el mercado. Hay nuevos desafíos, aunque desafíos siempre tengan hecho parte de cualquiera historia. Al mismo tiempo, las exigencias e expectativas de formación, en especial de formación permanente, se elevan a cada día, sin límite a la vista. Bastaría observar las “alfabetizaciones”, que incluyen manejo del computador, fluencia tecnológica y digital, habilidad en textos electrónicos y computación gráfica, dominio de ingles, etc. Son muchas y cada vez más amplias, resultando en “multi-alfabetizaciones” (multiliteracies) (Cope/Kalantzis, 2000). El reto mayor, en gran parte impuesto por el mercado prepotente, es renovarse todo, todo el día nacer de nuevo, reinventar la profesión continuamente, enfrentar la rueda viva de la globalización competitiva enloquecida. Saber cuestionar, principalmente cuestionarse, tornase habilidad crucial. Como dicen algunos autores, cada estudiante precisa tornarse un designer, en especial un designer de si mismo, siempre en construcción, desconstrucción, reconstrucción (Shaffer, 2006. Gee, 2004. Cope/Kalantzis, 2000a). Diploma no es más conclusión. Es apenas parada burocrática de un proceso que ya no admite fin, ni podría admitirlo. En el fondo está el contexto tecnológico, una criatura que está engullendo su creador. Saber manejarlo es buena parte de la preparación para la vida, más allá del mercado.

Empecemos por el lado negativo: lo que no sería buen docente… La falla más fuerte será apenas dar clase, de manera reproductivista, instrucionista. Docente para solo dar clase va tornándose figura prehistórica, o resquicio de eras ultrapasadas. La razón de esta crítica está principalmente en la dinámica no lineal del conocimiento e en el tejido autopoiético de la mente (Demo, 2002). Conocimiento codificado, digitalizado, en el fondo, no es más conocimiento. Es información, sin aquí desprestigiar la importancia capital de la información. Conocimiento como tal es dinámica desconstructiva y reconstructiva, que persiste como dinámica, no como cosa fija y que podría ser transmitida. Al mismo tiempo, la mente humana no funciona como computador. Este es máquina de fuera hasta a dentro, algorítmica, secuencial, repetitiva. Razón ulterior para esta crítica es el cerco inevitable de los ambientes virtuales, digitales que, aunque puedan ser usados para reproducción, pueden inducir nuevas modalidades de aprendizaje bien más apreciadas por los jóvenes, en general porque son más interactivas, facultan sentido mayor de autoría, sin hablar en motivación.

Otra falla es el docente apenas motivador, capaz de encantar plateas, pero que permanece en el instrucionismo. En esta ruta está la pretensión docente muy común de “perfeccionar la enseñanza”, buscando medios (en general de última tecnología) para solo transmitir contenidos. El la verdad, estamos incensando cadáver. Hay que superar la enseñanza, no perfeccionarla, por más que la función enseñanza sea también natural. Como entre docente y dicente se establece una relación también de poder, por menos del punto de vista social, ni toda influencia libera. El riesgo de manipular está siempre muy presente. En toda mediación pedagógica hay alguna manipulación, que pude ser reducida, si el docente es mayéutico, en especial crítico e autocrítico.

En el lado positivo, la primera alegación será: lo que fundamenta la docencia é autoría, no clase. Aunque autoría, como vimos, no sea tabla de salvación, es referencia fundamental, porque fundante. No basta como virtud aislada, porque en el aislamiento no hay virtud. El mensaje es que el docente precisa saber construir conocimiento propio, ocupar espacio científico cualitativo y reconocido, si quiere conseguir que esta habilidad aparezca en el alumno. El buen investigador debería tener habilidad pedagógica, entendida esta como saber hacer el alumno aprender bien, lo que supone que ele docente aprenda bien. Por esto, PhD no faculta, por si, docencia adecuada, aunque pueda ser definido como exigencia formal. Hay docentes sin titulación que son maestros del aprendizaje, en si e en los alumnos. En el fondo, una exigencia crucial es la superación de instituciones universitarias de mera enseñanza, pasando para el patamar, ya tradicional en el mundo nórdico en especial, de instituciones de investigación. El concepto más fundante de la universidad es investigación, no enseñanza, ni extensión. En el concepto de investigación es preciso encajar enseñanza e extensión, para que no se queden como intromisiones. Por ejemplo, extensión no puede ser vista, en si, como plataforma de la ciudadanía, porque, no siendo curricular, permanece optativa, voluntaria, eventual, adjetivos que no caben para la ciudadanía. Esta necesita estar dentro de la cualidad universitaria, intrínsecamente, como parte imprescindible de la trayectoria formativa, en el docente e en el dicente. Esta misma perspectiva induce a valorar la ética docente, ya que el juego de la educación puede ser muy desigual y somos responsables por las personas que encantamos o deberíamos encantar.

Del punto de vista de la dinámica no lineal del conocimiento, permanece para el docente el reto, cada vez más obsesivo, de actualización y formación permanente, demandando ser figura estudiosa, dedicada, generosa. Pesa sobre los docentes la falla negativa de dificultad enorme de cambio, por más que, sobretodo el la pedagogía, se venda la idea de que educación fundamenta el cambio. Educadores hablan de cambio, pero no cambian así tan fácilmente, en especial docentes universitarios (Evans, 2001). Como diría Plant (1999), cambiaran el cambio. No es más aquello lento, gradual, controlado de otros tiempos. Se precipitó de tal manera que perdimos el control de ello. En el fondo, la naturaleza - que es sabia (Hrdy, 1999) - procede por cambios sin control, porque solamente estos cambian de verdad. Fue así que inventó el ser humano, una criatura que podría, cada vez más, suplantar el creador. La universidad aprecia cambio, desde que controlado, en especial por ella misma. O sea, no quiere cambiar, aunque haga predicación de cambio. Este farisaísmo es propio del moralismo académico, fácilmente visible en docentes que exigen de los alumnos lo que jamás harían personalmente, por ejemplo, ser autores inequívocos. Con esto, la universidad tiende a tornarse una de las instituciones más rígidas del mundo de hoy, comparable al fundamentalismo religioso: aunque pretenda discutir todo en su vuelta, no permite ser discutida. No está allí para cambiar y ser cambiada. Está allí para comandar, controlar el cambio. Clase!

 

 

 

V. EVALUAR

 

 

 

No hay cosa que evaluadores más detesten que ser evaluados. No toleran también que los evaluados discutan la evaluación. Esta pretensa inmunidad - que no pasa de impunidad - lanza sobre el docente una luz dudosa del moralista barato. Hay que reconocer la dificultad extrema de evaluar docentes, en especial docentes universitarios, también porque la así dicha libertad académica puede implicar impunidad. A su favor, tenemos de reconocer que, siendo evaluación procedimiento tan complexo e arriesgado, cabe prevenirse, y, si posible, evitar. No faltan propuestas mal intencionadas de evaluación, sin hablar que evaluar dinámicas cualitativas como es cualidad docente (formal y política) persiste desafío interminable. Los docentes prefieren procedimientos evaluativos vinculados a la frecuencia de los alumnos y de las clases, ocultándose bajo el instrucionismo. Como, sin embargo, saber pensar va muy allá, evitase la discusión, bajo la alegación de que cualquiera evaluación se perdería en subjetivismos sin control posible.

Mismo que cualquier procedimiento evaluativo sea cuestionable, difícilmente se podría hoy evitar la evaluación docente. Para evitar mayores injusticias, hay que ser hecha de muchos ángulos: por los alumnos, por pares externos, por pares internos, por las autoridades públicas o responsables de la institución, por las invitaciones a ponencias, por el movimiento académico, por los proyectos de extensión, y, en especial por la producción propia reconocida. Tratase aquí de respectar la categoría del mérito, cuya comprobación nunca será satisfactoria. El docente no puede ser “electo”, o escogido en asamblea, porque competencia técnica no adviene de tales maniobras. Así, su entrada en la universidad, bien como su permanencia e ascensión funcional deberían pautarse por “mérito”, formal y político. Más fácil es tratar de mérito formal, aunque sus límites sean siempre fluidos e imprecisos. En este caso, producción propia, autoría, ocupación de espacio científico reconocido, son referencias más o menos tranquilizadoras. Podríamos resumir, talvez, en la idea de una vida de investigación constante, sistemática, productiva. La cantidad de la producción no sería el horizonte principal, pero su calidad, visible posiblemente en el reconocimiento de los pares, o sea, en el uso e aprecio público de la obra, invitaciones para ponencias e asesorías, asedio de orientandos e estudiantes, etc. Este tipo de autoría sería el fundamento principal de la docencia.

Dependiente de la producción propia, habría que evaluar el movimiento académico del docente, enfocando grupos de investigación a los cuales pertenece o en los cuales actúa, coordina, lidera; resaltando contactos nacionales e internacionales que permiten percibir modos sistemáticos de investigación y construcción de conocimiento; relevando la construcción de espacio científico propio, en el cual sea reconocido como “autoridad” por obra de la autoridad del argumento; marcando su trayectoria académica por avanzos y crecimiento sistemático.

Al lado de esto, sería importante para el docente mostrar habilidad pedagógica, o sea, saber tratar los estudiantes en el sentido de hacerlos aprender bien. Algunos son más capaces que otros en motivar, pero el principal sería ofrecer a los estudiantes condiciones de aprendizaje reconocido. Menos que clase, valorase la habilidad mayéutica. La gloria docente es el dicente que sabe pensar. No se trata de reproducir discípulos, pero inventar nuevos maestros, cuya autonomía sea el signo de la autoría. La titulación no garantiza esta habilidad. Se podría imaginar que el PhD recién formado debería, antes de asumir estudiantes, pasar algún tiempo en la facultad de pedagogía, para aprender a hacer el aluno aprender. En este sentido, cabe siempre realizar evaluaciones del docente hechas por los alumnos, aunque sean naturalmente limitadas.

Hace parte de la habilidad pedagógica saber “encantar” los estudiantes, o sea, motivar, envolver (Huffman/Hipp, 2003. Assmann, 1998). No se trata de defender la tesis fútil de que aprendizaje solo se da con placer. Con placer es todavía más bien-venido, ciertamente, pero no se aprende solo con placer. Si así fuera, retiraríamos matemática del currículo fácilmente. No se busca la alegría de bobo alegre, pero del buen combate. La cuestión central es el envolvimiento, cuerpo e alma. Se aprende en la vida principalmente del sufrimiento, aunque no siga de allí que sería el caso hacer el alumno sufrir para que aprenda. Ser docente es cuidar que el alumno aprenda (Demo, 2004e).

Aún, el docente necesita corresponder a la dinámica innovadora del conocimiento, permaneciendo actualizado, incluyéndose el manejo tecnológico para la docencia. No se trata apenas de usar el computador, pero de trabajar adecuadamente ambientes virtuales de aprendizaje, también para ser justo con los jóvenes. Si todos tendrán que ser fluentes en esta tecnología en la vida e en el trabajo, tornase esdrújulo realizar una formación artesanal. En este caso, el docente precisa abrirse para nuevos retos, en especial de nuevos textos, nuevos modos de estudiar e interactuar, nuevos fuentes de información y lectura, estudio e investigación, por más que todo sea naturalmente arriesgado. No se puede correr el riesgo de ser tachado por los jóvenes de docente anticuado, poco o mal informado, alienado de las nuevas tecnologías. La participación docente tornase estratégica para poder imprimir a las tecnologías el debido compromiso de aprendizaje, no solo para huir de las imposiciones del mercado, como también para evitar el fraude intelectual entre los estudiantes.

Probablemente, el mundo de la Internet va traer su contribución propia a la evaluación docente, en la medida que todo docente será observado por los estudiantes en ambientes virtuales, como blogs, webfolios, chats y fórums, en los cuales expresan su opinión, agrado y desagrado. Sería de todo oportuno que la obra y proyectos prácticos de cada docente fueran discutidos, difundidos, rehechos en tales ambientes, bien como su modo de actuar como educador. Mismo la clase debería ser apreciada por los estudiantes, evitándose que el docente persista dando clase, en especial, siempre la misma clase.

Resumiendo:

EVALUACIÓN DOCENTE

Producción propia

Obra propia; publicación constante; reconocimiento de los pares

Movimiento académico

Construcción de espacio científico propio; liderazgo científico

Habilidad pedagógica

Hacer estudiantes aprender bien; ambiente de aprendizaje

Encantar estudiantes

Motivar, envolver

Actualización tecnológica

Producción/uso de ambientes virtuales de aprendizaje

Evaluación por los alumnos

Opinión dicente sobre la docencia

 

Como los docentes temen la evaluación, es siempre importante no sacar de ella consecuencias drásticas, apremiadas. La finalidad crucial de la evaluación es garantizar que el docente sea investigador reconocido y los alumnos aprendan bien. No es castigo. Debería ser oportunidad para continuar aprendiendo e innovándose.

 

 

 

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[1] “Otro de estos elementos intangibles es el grado en lo cual la cultura valora la educación. India y China tienen una larga tradición de padres que enseñan a los hijos que la cosa más importante que pueden ser el la vida es ingeniero o médico. Pero México simplemente no construyó las escuelas donde esto podría haber ocurrido. India y China tienen cada una más de 50 mil alumnos estudiando en los Estados Unidos hoy día, que provienen de 12 husos horarios de distancia. México, que es menor pero está al lado, tiene solo cerca de 10 mil. México también es vecino da la mayor economía del mundo, que habla ingles. Pero no lanzó ningún programa rápido de instrucción en la lengua inglesa, ni invistió en becas de estudio para mandar gran numero de estudiantes a los Estados Unidos” (Friedman, 2005:301).

[2] “El la era del conocimiento, en la cual personas educadas y sus ideas se tornaran la riqueza de las naciones, la universidad nunca fue más importante e el valor de una educación universitaria más elevado. Las oportunidades educacionales ofrecidas por la universidad, el conocimiento que ella crea y los servicios que provee son llave para casi toda prioridad de la sociedad contemporánea, desde la prosperidad personal y lo sentirse bien en la competitividad económica, hasta la seguridad nacional, la protección del medio ambiente y lo enriquecimiento de nuestra cultura. Hay creciente reconocimiento de que pocas inversiones públicas poseen mayor ventaja económica que aquellos hechos en la educación superior” (Duderstadt, 2003:4). Dejando de lado la mancha neoliberal de esta visión, tiene a su favor la percepción clara de la relevancia de saber manejar conocimiento e educación.

[3] No me demoro en definir lo que sería investigación, porque no faltan textos de metodología científica y de epistemología (Otero, 2000. Haack, 2003. Giere, 1999). Importante es conjugar cualidad formal (lado técnico, metodológico de la investigación) y política (lado formativo, pedagógico). Ambos son fundamentales e no se substituyen. Investigación no se restringe a procedimientos empíricos y cuantitativos, abarcando, en principio, todo “cuestionamiento reconstructivo” (Demo, 1996; 2000a).

[4] En el subtítulo de esta obra aparece la frase: how matter becomes imagination...